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La mentira ha sido, y sigue siendo, un arma de destrucción en manos de políticos sin escrúpulos y se convierte en masiva cuando la sociedad ... civil no solo evita rebelarse ante la falsedad, sino que incluso ayuda a respaldar y difundir eso que ahora se denomina 'fake new'. El pasado día dos de junio, pronunció una conferencia en el Ateneo de Santander la escritora checa Mónika Zgustová y sus palabras hicieron retroceder mis recuerdos hasta uno de los episodios más repugnantes en la larga cadena de la manipulación ideológica llevada a cabo por los totalitarismos, tanto de corte derechista como izquierdista.
La escritora checa, que ha tenido una biografía novelesca y que posee una larga experiencia internacional, no en vano ha vivido en Chequia, España, Argentina y Estados Unidos, habló con claridad de los campos de concentración soviéticos, en los que fueron apresados millones de rusos y muchos de ellos murieron por la desnutrición, el frío y las enfermedades. Esos campos de concentración, en los que los ciudadanos fueron despojados de su libertad, sus pertenencias y esclavizados por el régimen comunista, fueron denominados Gulag.
Zgustová publicó un libro definitivo sobre ese capítulo de la historia reciente, 'Vestidas para un baile en la nieve', en el que construye un relato con los testimonios de primera mano de un grupo de mujeres que sobrevivieron al horror del Gulag. Es un libro definitivo sobre la más extensa cadena de campos de concentración existente en tiempos de paz. Una denuncia irrebatible sobre la represión comunista contra los disidentes e incluso contra cualquiera que resultara sospechoso de no aceptar las consignas del régimen.
Al escuchar a Zgustová aquellas historias volví a recordar las mentiras que los totalitarismos nos contaron en los años sesenta y setenta del pasado siglo. Recuperé las conversaciones en la UIMP con Adolfo Muñoz Alonso en la que explicaba, con un verbo florido, las excelencias de la democracia orgánica que se había inventado la dictadura franquista para justificar la falta de libertad y democracia. También mi inicial confusión cuando la parte de Alemania sometida al comunismo soviético se autotitulaba República Democrática Alemana (RDA) frente a la Alemania realmente democrática, la República Federal Alemana. Muchos creíamos que la Alemania Oriental era la verdaderamente democrática, cuando se mataba a quienes querían huir hacia la libertad. El pequeño museo existente en Berlín, que reproduce las diferentes formas ingeniadas por los berlineses para huir hacia occidente, es un testimonio elocuente.
El discurso de Mónika Zgustová fue una llave para abrir recuerdos. Cuando en el año 1973 se publicó en Francia la obra magna de Solzhenistyn, se produjo en Europa un duro debate que ponía en cuestión el comunismo, que señalaba esa ideología y sus formas de gobierno como una dictadura sangrienta. Aun con las pruebas que Solzhenistyn aportaba en su libro, algunos comunistas españoles y muchos «compañeros de viaje» lanzaron una campaña de difamación contra el escritor ruso.
Se le acusó de mentir y su salud mental fue puesta en duda. Algunos destacados intelectuales llegaron a lanzar ataques frontales contra quien fuera víctima del Gulag. Juan Benet escribió: «Creo firmemente que mientras existan personas como Solzhenitsyn, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Solzhenitsyn no pudieran salir. (...) Nada más higiénico que el hecho de que las autoridades soviéticas -cuyos gustos y criterios sobre los escritores rusos subversivos comparto a menudo- busquen la manera de librarse de semejante peste».
El tiempo descubre las mentiras y deja en evidencia a quienes se niegan a admitir la verdad, con tal de mantener ficciones ideológicas. El grave caso de los Gulags primero fue negado y cuando la verdad se hizo inocultable, quienes aun mantenían la existencia del paraíso comunista optaron silenciar ese cruel episodio de la historia reciente. Todavía hoy, con las pruebas irrefutables que han sido reveladas por el paso del tiempo, se mantiene en grupos importantes de nuestra sociedad la ficción de los milagros comunistas. La dictadura cubana se mantiene firme tras más de medio siglo, el comunismo chino ha mutado hacia un capitalismo sin libertad y Rusia se torna lentamente hacia la reconstrucción del régimen soviético, con Putin como líder eterno, sin alternancia posible. En Hispanoamérica resurge el totalitarismo comunista y en el resto del mundo contemplamos los resultados. Las personas tienen un elemento definitivo para mostrar sus preferencias y por ello votan con los pies, huyendo de los países totalitarios para buscar una vida mejor en el mundo libre. Mónika Zgustová ha estado en Santander para refrescar nuestra memoria y denunciar los crímenes de los regímenes totalitarios.
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Ana del Castillo
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