Secciones
Servicios
Destacamos
La risa va por barrios en el PP. Un lunes por la noche en la desmoralizada ejecutiva de María José Sáenz de Buruaga están pensando ... qué harán con sus vidas a partir de mayo y 20 horas después respiran aliviados porque Génova les ha devuelto el mando por el sorprendente adiós de Ruth Beitia, que deja a sus partidarios otra vez colgados de la brocha después de dos semanas de euforia. Mientras la rueda de la fortuna gira vertiginosa para la clase dirigente, en las bases del partido hegemónico de los 14.000 militantes y de las 16 victorias electorales consecutivas en los últimos 22 años cunde el desconcierto y el temor de que esta vez no saldrá nada bueno de las urnas si no se obra el milagro que permita superar el largo conflicto interno y recuperar el vigor de antaño.
Que el PP cántabro vive sus horas más bajas no es ninguna novedad, lo inesperado es que la dirección nacional del partido contribuya al deterioro. En fin, no hay que subestimar el poder destructivo de los dirigentes de la nueva política, esa pulsión adanista que nada más llegar al cargo les impele a imponer su sello con ingeniosas operaciones que a menudo terminan como el rosario de la aurora. La frustrada candidatura de Ruth Beitia es un buen ejemplo.
No es discutible que la mejor atleta española de la historia aporta valor a las siglas populares, incrustada en una lista electoral o en un cargo relevante vinculado al deporte. Aunque sus detractores internos le nieguen el pan y la sal, lo cierto es que cualquier partido estaría encantado de lucir a una campeona olímpica en sus filas. Pero también resulta evidente que Beitia no estaba curtida para una encomienda tan ambiciosa. No se trataba sólo de captar votos merced a su gran popularidad, sino también de transmitir capacidad para liderar el Gobierno de Cantabria, algo que no se logra en unas pocas semanas por muchos y buenos asesores que tuviese. Demasiado reto para Beitia, máxime teniendo en contra a la dirección y por lo menos a la mitad del partido en Cantabria. Tras el error compartido con Génova de una candidatura cuando menos poco meditada, el trance doloroso de una renuncia que merece respeto.
Con el vuelco de la situación, los críticos del PP que se alineaban con Beitia tendrán que tomar decisiones: volver al redil o irse a casa, seguir con las escaramuzas o, si se presenta la oportunidad, buscar acomodo en otros partidos como ya hicieron algunos de sus compañeros. De todo habrá.
Y mientras, María José Sáenz de Buruaga, presidenta del PP, asume también la condición de candidata. Ella sí tiene acreditada su aptitud para la gestión política como número dos de Ignacio Diego en el partido y en el Gobierno regional del que fue presidenta y consejera de Sanidad, con la conclusión del nuevo Valdecilla como gran hito. Arrastra la erosión producida por el largo conflicto interno frente al grupo afín a su antiguo mentor y la desautorización inicial de Génova para ocupar el cartel electoral.
La gente de Buruaga cree que la entereza mostrada frente al injusto trato de Madrid ha fortalecido su liderazgo. Además de esa hipótesis, manejan algunas otras consideraciones. Para empezar, la decisión de mantenerse al frente del partido, aunque fuese en una posición tan desairada, ha cumplido su objetivo: estar disponible para ser candidata en el caso de que la opción de Beitia se desbaratase. Para terminar, si finalmente el PP no sale bien parado en las urnas, toda la culpa no será de Buruaga.
La líder del PP tendrá que exhibir el mismo temple para recuperar la cohesión del partido en la medida de lo posible y construir una propuesta política eficaz que le permita competir por la victoria en mayo. La bicefalia prevista con Ruth Beitia como candidata murió antes de nacer y ahora funcionará un mando unificado en la organización de la campaña y en las listas, con libertad de acción para Buruaga y su equipo, más allá del evanescente consejo de Génova a favor de la integración de las dos facciones del partido.
La recomendación no está de más, pero es dudoso que resulte operativa. Seguramente tampoco es la principal prioridad. No se trata de encajar en una lista de cremallera cinco 'buruagas' y cinco 'dieguistas' que no se toleran unos a otros, sino de presentar a los electores un PP renovado, distinto al que ha vivido tanto tiempo instalado en el conflicto. En los municipios, Sáenz de Buruaga se propone mantener a casi todos los alcaldes y ha alentado una importante renovación de candidatos en los municipios en los que el PP no gobierna. En lo que respecta a la candidatura regional se proponía incluir más nombres que representen a la sociedad civil de Cantabria y menos al aparato. Eso era antes de la última crisis, ahora habrá que ver si la idea sigue en pie o tendrá que reservar casi todos los huecos a quienes le han acompañado en tan dura travesía.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Recomendaciones para ti
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.