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Supongo que todo el mundo hace lo mismo: cuando conocemos a alguien observamos siempre su expresión, principalmente sus ojos, el gesto, su sonrisa, y nos ... hacemos una idea de con quién estamos compartiendo esos instantes de nuestra vida. Ya saben, como dijimos alguna vez, la vida huye, tal y como el cielo quiere que suceda, y deberemos de ser todo lo precisos que se pueda en esos segundos de relación dentro de nuestra historia particular para no equivocarnos, utilizando siempre 'diplomacia de precisión', que diría con cara de enfadada como siempre la ministra Belarra, para estar observando sin ser detectados.
Todo ello nos sirve entonces para lograr una especie de opinión rápida del interlocutor. Tan rápida, que si tenemos ante nosotros a un buen actor, a un fariseo, a un pelotilla o a un engañador consumado no es tan sencillo como parece y podemos errar con facilidad en una mirada apresurada teniendo indefectiblemente que cargar con las consecuencias, muchas veces para siempre.
Para asegurar todo un poco, nos solemos ayudar echando un vistazo a lo físico: si hay guapura o, sobre todo, si hay guapura extraordinaria, acudimos con complacencia a zonas más reservadas de la persona. Pero si hay feura o sobre todo feura extraordinaria, solemos quedarnos en los ojos sin más riesgos.
Pero, con todo, podremos equivocarnos, coloquialmente, podremos meter la pata. Disculpen afirmación tan rotunda y un tanto presuntuosa, pero estoy en lo cierto. Tengo un truco infalible para poder conceptuar a quién sea sin temor a equivocaciones que quiero compartir con ustedes: miren siempre los zapatos del sujeto/a y allí encontrarán la respuesta.
Es cierto, sin embargo, que actualmente pueden tener alguna dificultad inesperada con esa moda reciente del uso indiscriminado de playeras, snikers, deportivas o como quieran llamarlas. Esos artilugios unisex sustituye-zapatos, de colores vivos o fosforescentes o las dos cosas, bien sudados en su interior mullido, que hoy están tan de moda y las portan incluso señores o, sobre todo, señoras entraditas en años que han descubierto un complemento disimulajuanetes magnífico.
Si es así, estarán ante un reto complicado de resolver pero es cierto que con valorar su utilización ya es bastante porque ya dice mucho de la persona sobre todo si las usa donde no debe. En cualquier caso, no olviden que detrás de la mirada a los zapatos estará siempre la verdad.
Podríamos poner muchos ejemplos para que se comprenda bien lo que acabo de explicar: si analizan a un individuo en un evento con un terno azul marino de origen grandes almacenes y con zapatos de goma gruesa marrones, podrán afirmar sin ninguna duda que están ante un tipo tosco, de pisada a ritmo de tropezones e inteligencia la justa ,un tipo Rufián o algo así.
Si aprecian Vds. sin embargo a individuos rubicundos con zapatos puntiagudos de tafilete gastados de tanto pasear, de piel curtida bruñida y lustrosa, lo más probable es que estén ustedes ante personas de poco fiar, con tendencia al victimismo y a la conspiración permanente.
No sé el porqué, pero como Oriol Junqueras, Puigdemont y Aragonès usan frecuentemente zapatos de ese estilo se me viene a la cabeza su figura que yo creo sinceramente que encaja a la perfección en tal perfil.
Es que hoy día es muy necesario contar con resortes que nos identifiquen a las personas para tratar de saber sin engaños con quién nos gastamos los cuartos porque al final, en este mundo materialista, carente de valores y muy frío, necesitamos fórmulas que nos identifiquen las cosas y las personas con rapidez para no ser estafados, ora en el bolsillo, ora en los sentimientos y evitar que puedan producir en nosotros decepciones tan difíciles de superar como las que estamos sufriendo.
No hay mayor dolor que acordarse en la miseria del tiempo feliz, que se decía en la 'Divina Comedia', pero uno recuerda ahora con nostalgia otros tiempos ya lejanos en los que nuestra nación resurgía de una época difícil orgullosa de su pasado, ocupada en resolver los problemas acuciantes de los ciudadanos, principalmente los de la convivencia, y la economía, con personas al frente sacrificadas y con sentido de Estado acordando con sus adversarios, defendiendo la unión dentro de la diversidad y calzando los zapatos de la consistencia, la austeridad y el honor.
Hoy no tienen mucha calidad los zapatos que nos conducen desde un gobierno dividido. No pisamos fuerte por ahí fuera en espera de unas elecciones generales libres y liberadoras. Hasta ese momento, que está tardando lo suyo, España, como siempre, remará como nación orgullosa de serlo aunque sea a contracorriente.
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