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P. S.
Sábado, 24 de marzo 2007, 01:56
En un apacible rincón de Lloreda (pueblo situado entre Santa María de Cayón y Esles, y a apenas 25 minutos de Santander) se encuentra un palacio rehabilitado en 1997 que forma parte del club de casonas de Cantabria. Desde hace un par de meses lo regenta un matrimonio procedente de Valencia, Aurelio Gómez y Lola de la Fuente, que comparten su afición por el Patrimonio (tienen una empresa de restauración, Arte Vecchio) con su vocación por desarrollar un proyecto hostelero de calidad.
El primer paso en esta nueva etapa del Palacio de Lloreda ha sido potenciar su restaurante, una agradable estancia que ahora se llama 'El secreto de Lucrezia', como homenaje tanto a Lucrecia Gómez, antigua propietaria del inmueble, como a Lucrecia Borghia, de origen valenciano; un espectacular retrato de ésta preside la sala. Se trata de una reproducción de un magnífico cuadro del Museo de Franckfort, que gentilmente les ha facilitado la posibilidad de emplear este icono como referente de una gastronomía de calidad. El responsable en la cocina es José Ríos, un experimentado chef que durante bastante tiempo desarrolló su actividad profesional en Guipúzcoa.
Contundente
El cambio radical en la propuesta culinaria respecto a la anterior etapa se resume en una carta sugerente, en unas raciones contundentes sin que te dejen exhausto -nada que ver con la cocina de escaparate-, en unas buenas materias primas y en una cuidada, rayando lo artístico, presentación. Con estos mimbres se puede saborear una cocina sana, con claros influjos mediterráneos, donde juega un especial protagonismo un conseguido contraste de sabores y texturas que en ningún caso esconden artificios superfluos.
La carta, sin ser muy larga, es bastante equilibrada y cuenta como refuerzo a diario con una serie de sugerencias fundamentadas en el mercado. Así entre las entradas hay ibéricos, rabas y dos carpaccios, uno de atún y otro espectacular de solomillo y foie elaborado en casa a partir de un rollo. Luego llega el capítulo de las ensaladas, originales y diferentes. Sobresaliente es la de cigala, donde al rico marisco le acompañan varios tipos de lechugas, hongos y patatas paja. Siguen los entrantes con un micuit, un mil hojas de marisco, unos chipirones a la plancha o unos arroces o fideuá (éstos por encargo).
Al llegar al plato fuerte el comensal puede decantarse por pescado (brocheta, suquet de rape y mero, rape en salsa de mejillones, bacalao o rodaballo salvaje) o por una carne (solomillo, entrecot, lechazo, magret o algo de caza). Todas son opciones contundentes y admirables por su puesta en escena y su punto, dando por hecho que el producto no genera dudas en cuanto a su calidad.
Arnadí
Finalmente, entre los postres se recomienda, al menos la primera vez, decantarse por la especialidad de la casa, el arnadí. Es un postre valenciano con reminiscencias árabes y está hecho con calabaza, almendra, limón y azúcar. También hay helados, chocolates, frutas, siempre de elaboración casera.
En cuanto a la bodega, están representados vinos de diferentes denominaciones, en algunos casos caldos novedosos a unos precios atractivos y con un resultado satisfactorio.
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