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MÓNICA ALVAREZ CAREAGA
Jueves, 2 de agosto 2007, 04:04
La Galería Siboney muestra estos días en Santander catorce fotografías pertenecientes a 'Next to nothing. Un homenaje a Paul Bowles', un emocionante trabajo firmado por el artista portugués Daniel Blaufuks (Lisboa, 1963), uno de los artistas europeos más importantes de su generación. Habituado a expresarse a través de complejos proyectos expositivos en los que incluye fotografías, textos, videos y publicaciones, sus obras han sido expuestas en numerosas museos de Europa, Estados Unidos y Canadá y fue galardonado recientemente con el premio BES Photo del Banco Espíritu Santo por su trabajo fotográfico y fílmico a propósito del campo de concentración de Terezín, la antigua Theresienstadt.
La diversidad de géneros y materiales fotográficos que caracterizan las exposiciones de Blaufuks conforman una especie de archivo de materiales tomados de un yacimiento arqueológico, en el que las imágenes y los objetos, reales o fotografiados, ayudan a la construcción de una teoría o, más modestamente, una explicación, sobre el pasado. Blaufuks es, en fin, un artista del tiempo y la memoria. La memoria privada del artista se expande por los lugares que ha habitado hacia la evocación de sus propias inquietudes. Blaufuks visitó al escritor y músico americano expatriado en Tánger, Paul Bowles en 1997 atraído por sus libros y su personalidad ascética y, diez años más tarde, ha creado esta exposición. Si Bowles trató el desplazamiento físico y psicológico y el desamor, Blaufuks indaga sobre el desarraigo desde su dolorosa pertenencia a una familia de refugiados judíos alemanes en Portugal y ambos describen un mundo de soledad. Son solitarias y emocionantes las naturalezas muertas que hablan de indolencia, de cacharros sin recoger y encuentros misteriosos entre objetos cotidianos, como el ramo de flores sobre la cama que aparece en una de las obras expuestas. Bodegones que comparten un sereno fatalismo con el autor de 'El cielo protector', mientras las escenas donde se presenta al escritor destilan una melancolía procedente de la terrible oscuridad del mundo íntimo de Bowles. Sus ojos de viejo casi ciego parecen vislumbrar la desintegración, el fin.
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