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La Sociedad Casino de Buelna prepara su adiós. A pesar de los intentos hechos por la nueva directiva para mantener abierto el edificio, recuperar ... servicios y poner en marcha nuevos proyectos, los propietarios, sucesores financieros del Grupo Celsa, han decidido no renovar el histórico y centenario compromiso de ofrecer a los corraliegos un lugar común donde disfrutar del tiempo de ocio. Un proyecto que puso en marcha, como apuesta personal y social, el empresario José María Quijano, padre del actual grupo industrial.
El 20 de marzo de 1920 se abrieron por primera vez las puertas del Casino de Buelna, una de las sociedades más longeva en Cantabria y toda una institución para muchas generaciones de corraliegos que, hasta hace bien poco, aprovechaban sus salas y terrazas. Más de cien años de historia que ya tienen fecha de caducidad, el sábado 31 de mayo.
El Casino languidecía en los últimos años y en setiembre de 2024 se convocó una asamblea de socios para saber si había intención de tomar el relevo a una directiva que anunciaba su marcha. Celebrada el 8 de noviembre, un grupo de personas tomó las riendas y estableció un plan de salvación que pasaba por renovar instalaciones, reabrir el servicio de hostelería y entablar conversaciones con Celsa sobre el contrato de alquiler con la Sociedad.
Para reparar desde el techo a los suelos, entre otras cuestiones imprescindibles, se pidió una derrama a los socios, y más de un centenar dieron su apoyo al proyecto. Se había dado el primer paso, contar con una inversión cercana a los 30.000 euros, en principio, para esas obras.
Se mantuvieron conversaciones con profesionales de la hostelería hasta conseguir dos personas con una larga experiencia que iban a apostar firmemente por el Casino de Buelna. Profesionales que cuantificaron su inversión en unos 60.000 euros. Sobre el tapete había más de 90.000 euros, algo impensable apenas unas semanas antes.
De forma paralela se envió una carta al grupo Celsa para negociar las condiciones del contrato de alquiler, poniendo como cuestión imprescindible, para amortizar las inversiones planteadas, el alargar el tiempo de ese contrato, que, en principio, terminaba en 2027.
Otra de las cuestiones que proponía la nueva directiva era congelar el pago del alquiler por la fuerte inversión que se iba a hacer en el edificio, revertiendo su deterioro de los últimos años. Y a esta cuestión se ha agarrado el fondo inversor propietario del inmueble para romper el contrato y adelantar al 31 de mayo el final de la centenaria Sociedad. Tardaron tres meses en contestar la carta de la directiva para, horas antes de la Asamblea celebrada in extremis el pasado 21 de marzo, anunciar que, por falta de pago del alquiler, resolvían el acuerdo y enterraban un capítulo ligado a la historia de Los Corrales de Buelna.
En esa última asamblea se dejó claro que ya se había trasladado a los propietarios en varias ocasiones que había intención de pagar en cuanto se contestara a la carta de una forma u otra. Pero no se dio ninguna opción. Se habían acometido actuaciones imprescindibles y se había logrado lo imposible, financiación, hostelería y proyectos de futuro. Pero no fue suficiente para los propietarios.
Los siguientes pasos serán devolver las aportaciones de los socios, evaluar el patrimonio propio y qué hacer con él y entregar las llaves, para cerrar definitivamente la Sociedad.
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