
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La sala se queda a oscuras, con unas pocas velas que recrean la luz y las sombras de las cuevas que sirvieron de lienzo a ... los artistas de la prehistoria. Las paredes están cubiertas con esos grabados, recreados como hace miles de años. Ludovico Rodríguez Liaño eleva su voz y comienzan las explicaciones sobre su obra. Uno de los hombres que más ha buceado en la prehistoria tiene ya ganas de poder volver a exponer su obra y sentir como el espectador se sumerge en una caverna para entender el arte de aquellos hombres. Rodríguez Liaño ha logrado convertir su pasión en su forma de vida, cuarenta años como guía de las mejores cuevas prehistóricas de Cantabria y ahora recreándolas, respetando aquellas técnicas, para trasladar el arte rupestre a las salas de exposiciones. No en vano nació en Hijas, con el monte Castillo protegiéndole del norte. Muy cerca del lugar donde ahora vive, en San Felices de Buelna, y de uno de sus grandes amores, la cueva Hornos de la Peña, en Tarriba.
-Tiempos extraños estos que vivimos.
-Sin duda, para lo malo y lo bueno. Las cuevas han respirado durante el confinamiento y les ha venido bien para recuperar humedad y que ahora se pueda disfrutar mejor del arte rupestre. Pero para disfrutar hay que abrirlas de nuevo, y la vida continúa.
-La que no se ha podido abrir es su niña mimada.
-La cueva Hornos de la Peña es una cavidad maravillosa, de las más interesantes del paleolítico en Europa. Es una cueva pequeña y quizá la visita se tendría que reducir a una única persona cada pase, pero esto pasará y volveremos a ver esa maravilla, una asignatura pendiente, sin duda, para adentrarnos en la prehistoria.
-Lo suyo con las cuevas es por demás...
-Si (se ríe). Tanto que lo primero que he hecho cuando he podido salir ha sido ir a las cuevas del monte Castillo de Puente Viesgo. Visitarlas ahora (con cita previa) es un lujo. Es prácticamente una visita privada, con muy pocas personas por cada pase, con el guía casi para ti solo.
-Esa relación le viene de lejos.
-Siempre he estado ligado al arte rupestre. Uno de los primeros trabajos serios que tuve para costear mis estudios ya fue como guía de arte rupestre, un trabajo que me entró en la sangre y que a última hora se ha convertido en una vivencia, en complicidad con el hombre paleolítico, me ha permitido respirar esa época y el misterio de las cuevas y trasmitirlo, como mejor bandera para que ese arte se conserve.
-Seguro que ha aprovechado bien el confinamiento.
-He trabajado en varios ámbitos. Ahora hay un proyecto por recuperar de la Sociedad Cántabra de Escritores en el que participo con dibujos y poemas dedicados a los guías de las cuevas. Además me ha servido para dar forma a varios Cuadernos de Pandemia, escribiendo y pintando. También trabajo en una obra que saldrá a finales de año, guías poéticas de las cuevas Hornos de la Peña y el Castillo. Será una forma de ver la cueva desde otro punto de vista diferente, con la colaboración de una pintora de Puente Viesgo.
-También hacía láminas para regalar a los niños de San Felices.
-Fue un detalle bonito que me dejaran participar con las personas que colaboraban en aliviar el encierro. Me ha llenado y me ha ayudado a soportar ese tiempo. Tenemos que tener esperanza en que ese encierro sirva para respetar y respetarnos.
-¿Y ahora?
-También con varios planes, recuperar exposiciones, viajar a Francia. En primavera del año que viene se cumplirán 110 años del descubrimiento de la cueva de la Pasiega, en el monte Castillo, y algo se hará.
-En Francia se le venera.
-Más bien yo a su respeto por el arte rupestre. Volveré en diciembre si puede ser porque tengo tres cuevas donde hay exposición permanente mía: Rouffignac (Dordogne), Pech-merle y Cougnac (Lot), dos regiones diferentes pero vecinas. Tenemos mucho que aprender del amor que tienen por sus cuevas y como las potencian.
-Volviendo a España, ¿qué le parece el futuro Centro de Arte Rupestre de Puente Viesgo?
-Va a ser un atractivo muy importante, un revulsivo para nuestro patrimonio y un respiro para las cuevas. Todo ello en el lugar que tenía que ser, el monte Castillo, el centro prehistórico más importante del mundo. Puente Viesgo será sin duda el epicentro del arte rupestre, lo que tenía que haber sido ya desde siempre.
-¿El monte Castillo dará aún sorpresas?
-Yo creo que sí, el monte Castillo y el macizo del Dobra. Sería importante dar un empuje a nuevos estudios sobre las cuevas que están por descubrir, pero siempre con el cuidado que requiere.
-Su vida es un viaje al pasado.
-Todo nos acerca a la forma de vivir, de pensar, del hombre del paleolítico. Y eso quiero trasladarlo a mi obra. No quiero copiar ese arte, sino sacarle su espíritu, su misterio, su comunicación.
-Un estilo artístico diferente.
-Las últimas son piezas en piedra sobre madera, una técnica que emplea polvos de canteras españolas y francesas, creando texturas y volúmenes que reproducen más fielmente el arte de las cavernas. Las moldeo, gravo y pinto con los mismos colores naturales e instrumentos que utilizaban nuestros antepasados.
-Se convierte en uno de ellos...
-Me pregunto qué hacía una familia en la misma cueva que piso yo después de miles de años. Y la respuesta es que hacían lo mismo, buscar más, vivir más. Además, ahora que hablamos tanto de Europa, el arte rupestre es un ejemplo de la armonía artística de un territorio tan extenso.
-De todas las cuevas que ha visto, con cuál se queda.
-Está mal decirlo pero me quedo con la gruta de Font-de-Gaume, un yacimiento arqueológico de época paleolítica situado en el municipio de Les Eyzies-de-Tayac-Sireuil en el departamento de la Dordoña, al suroeste de Francia. Fue la primera vez que lloré en una cueva.
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