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«Estoy muy nervioso. Ayer no lo estaba tanto, pero hoy tengo unos nervios aquí en la barriga que no me los puedo aguantar». Así ... se sentía Izan Martín, uno de los primeros niños cántabros en recibir la comunión tras el aplazamiento que han sufrido estas celebraciones religiosas por la pandemia de coronavirus. Mayo es, tradicionalmente, el mes de las primeras comuniones, pero se ha quedado en blanco, y el Obispado permitirá hasta octubre estas celebraciones, que se han reanudado este fin de semana.
En Sámano, la inquietud de Izan fue compartida por otros cuatro compañeros –y amigos: los mellizos Iván y Ametz, Iraide e Iraia– que, el sábado, pudieron recibir este sacramento. Saltos de inquietud, risas nerviosas y apretones de manos fueron los sentimientos vividos por los cinco niños momentos antes de entrar a la parroquia de San Nicolás de Bari, en Sámano. «No me empujes», «no me tires del pelo, que me despeinas» o «tranquilidad, por favor» fueron algunos mensajes que se intercambiaron los pequeños hasta que el cura Antonio les hizo la señal. La misa estaba a punto de comenzar. En ese momento, algo hizo 'click' en los cinco niños, que cambiaron su semblante y, con las manos en posición de rezar, entraron en fila india en el interior de la iglesia, siguiendo al párroco.
A la hora de sentarse ya se empezaban a notar los primeros cambios introducidos para evitar contagios por covid. Los niños, que se lavaron las manos con el gel hidroalcohólico en la puerta de la iglesia, tuvieron que sentarse cada uno en el mismo banco que sus padres y no todos juntos. Antonio, el párroco, explicó que se debe a que los jóvenes comparten unidad familiar con sus progenitores, por lo que no necesitan utilizar mascarilla al estar sentados con ellos. Además, para marcar más las distancias, se dejó un banco libre de ocupación entre las distintas familias.
Entre familiares y amigos, unas 70 personas acudieron el sábado a esta celebración a la parroquia de Sámano, que tiene capacidad para unas 200 personas. Los invitados se repartieron ampliamente por los espacios gracias a las marcas situadas en los bancos. Además, la iglesia cuenta con una balconada a la que se accede a través de unas escaleras, lo que amplió aún más las ya marcadas distancias entre los asistentes. Para todos ellos el uso de la mascarilla fue obligatorio. También la llevaron el párroco y sus dos monaguillos en los momentos en los que no tenían lecturas o no dirigían la eucaristía.
Sobre el devenir de la celebración, apenas hubo cambios salvo en la 'acción de la paz', cuyo tradicional choque de manos fue sustituido por un leve movimiento de cabeza. En el momento de las peticiones los cinco jóvenes se acordaron de las víctimas de coronavirus. «Por toda la gente que ha perdido a familiares, que se ha quedado sin trabajo, que se han quedado solas, recordad que Dios está con todos nosotros», leyó uno de los niños.
Para todos los pequeños, recibir la comunión fue un día de lo más especial, aunque Izan Martín lo vivió más intensamente. «Desde que era muy pequeño, siempre que veía una iglesia tenía que entrar y pensaba en Dios. No sé por qué, pero me gustan mucho y me dan mucha curiosidad». Por este motivo, Izan vivió el sábado una montaña rusa de sentimientos. «Siento felicidad, ilusión, nervios y ganas de pasar un buen día», apuntó el menor.
El posible retraso de esta celebración a causa de la pandemia no le preocupó . «Yo sabía que iba a hacer la comunión, pero quería que estuviese toda mi familia. No me importaría haberla retrasado. Si tuviera que haber esperado un mes más, podría haberlo hecho tranquilamente».
La madre de Izan, Eva Morante, lo corrobora. «Desde pequeño le han interesado mucho las iglesias y Dios. Cada vez que íbamos de vacaciones y veía una iglesia, teníamos que entrar a verla». Ese fue uno de los motivos por el que decidió mantener la fecha de la comunión. «Nos avisaron de que igual no se podía celebrar, pero, según avanzaban las fases, nos comunicaron que los que quisiéramos mantener la fecha, podríamos hacerlo».
Toda la familia de Izan vive en los alrededores de Sámano, por lo que no había motivo para retrasar la celebración. Sin embargo, otros tendrán que esperar para recibir a familiares de fuera de Cantabria. De momento, de los 15 niños que tenían fecha para el pasado sábado, solo cinco hicieron la comunión.
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Ana del Castillo
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