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Telefonistas de El Astillero, años 70. J.m. rivas.
La voz pendiente de un hilo

La voz pendiente de un hilo

el astillero y su historia ·

En 1888, se puso en funcionamiento la telegrafía en Astillero y Guarnizo. En 1891, Tomás Tijero tuvo el primer teléfono

Jesús María Rivas

El Astillero

Martes, 26 de julio 2022, 18:01

La reina Isabel II inauguró el telégrafo enviando entre Madrid e Irún, el discurso que pronunció en la inauguración de las Cortes Constituyentes, el día 8 de noviembre de 1854. El año siguiente se promulgó una ley para la extensión del telégrafo eléctrico a toda España, con una red que uniría las principales ciudades y capitales de provincia en la península y, además, se adoptaba el sistema norteamericano ideado por Morse. Ya saben, punto, raya, punto.

Cuando ya estaba finalizada la red telegráfica radial en toda la península e islas, en 1884, el Ayuntamiento de Astillero solicitó la instalación de una línea telegráfica en nuestra localidad. El Ministerio de Fomento tardó cuatro años en responder nuestra solicitud y, en 1888, se puso en funcionamiento la telegrafía eléctrica en Astillero y Guarnizo. Instalados los equipos en un local del propio ayuntamiento que, meses después, adaptó otro local expresamente para el telégrafo. Su primer telegrafista fue Luis García. Un telegrama de 10 palabras con cualquiera otra estación telegráfica de la península costaba cuatro reales. Se entregaba en una hoja doblada y sellada por la oficina: Llegamos quince julio, stop, tren correo, stop, recoger estación Guarnizo, stop, Pilar.

El teléfono le iba pisando los talones al telégrafo. Años antes de que en Astillero se celebrara el inicio de la telegrafía eléctrica, fue inventado el teléfono por Antonio Meucci (1854) y, más tarde, Graham Bell, en la Exposición Universal de Philadelfia, en 1876, ya presentó un prototipo de aparato telefónico. En España el primer teléfono funcionó en la Escuela de Ingenieros de Barcelona, en 1877. A partir de 1880, se fue extendiendo por todo el territorio. Conscientes de la importancia del nuevo descubrimiento, los concejales miembros de la Comisión de Obras del Ayto. de Astillero que seguían de cerca los avances en las comunicaciones, solicitaron la instalación de una línea telefónica, en 1890, cuando llevábamos solamente dos años usando el servicio telegráfico.

La posibilidad de tener comunicaciones instantáneas tanto con el telégrafo como con el teléfono, había hecho cambiar el mundo. El periodismo comenzó a facilitar las informaciones en el día gracias al servicio telegráfico; para los operadores de bolsa se convirtió en una herramienta esencial y en el mundo de los negocios y los empresarios de la época se multiplicaron los esfuerzos por contar con el ingenioso sistema. Desconocemos si los concejales sabían lo acertado y oportuno de su petición, puesto que, el nuevo teléfono, al principio usó los hilos tendidos para el telégrafo.

Tomás Tijero, en 1891, instaló el primer teléfono

Mientras el telégrafo continuaba extendiendo su red de hilos de cobre desnudos por toda la geografía, el diario ‘El Atlántico’, el día 29 de febrero de 1891, irrumpía con la siguiente noticia: “Anoche quedó establecida por primera vez la comunicación telefónica entre Santander y el Astillero, y así pudimos tener el gusto de conversar desde esta Redacción con el señor Tomas Tijero, en cuya casa de dicho pueblo acaba de instalarse el aparato.” Aun estábamos aprendiendo a redactar los mensajes telegráficos para ahorrar un poco de dinero, cuando el emprendedor Tomás Tijero Cordero se dotó de teléfono propio. Tomás, en aquellos momentos, era director y gerente de la empresa de los barcos ‘La Corconera’, que hacían el trasporte marítimo de viajeros entre Santander y Astillero

Una vez iniciados la telegrafía y la telefonía el desarrollo posterior fue lento y largo. Hubo que dotar el territorio de una amplia red de cables por todos los lugares, las ciudades, los abonados, etc.. Llegamos así hasta 1923, año de la expansión del telégrafo fuera de las capitales, cuando se va multiplicando el uso de ambos servicios. Eran una variedad de empresas las que se apuntaron a para ofrecer este nuevo y lucrativo servicio.

Entre los meses de marzo y abril de 1923, el Ayuntamiento de Astillero solicitó una estación de telégrafos, era el 9 de marzo, y pocas semanas después nueva solicitud de una central telefónica a instalar en el mismo local que la oficina de telégrafos. El alcalde informó a los concejales que habría que ceder al estado el local con su mobiliario completo, casa para el telegrafista y correr con todos los gastos. Las condiciones son aceptadas ante la Dirección General de Correos y Telégrafos para agilizar los trámites de la nueva oficina multiservicio.

Autorizan al alcalde para que comiencen las obras y solicite a empresarios y comerciantes si tuvieran a bien colaborar a sufragar los gastos. La importancia de contar con esta oficina la demuestra la empresa más importante del municipio ‘Talleres del Astillero’, cuando su gerente Alfredo Chelvi, envió una carta al consistorio donde se ofrece a “contribuir con la cantidad que resulte como saldo para cubrir los gastos de instalación y mantenimiento”. La corporación acuerda aceptar la oferta desde las 300 pesetas que pone el Ayuntamiento hasta completar el coste de la estación telegráfica.

A primeros de abril ya se habían puesto de acuerdo los concejales para dotar a la oficina de telégrafos el siguiente mobiliario: una mesa de madera de 150 x 80, armario, estantes, sillas, sillón, 2 palanganeros con jofaina, dos perchas, dos braseros, dos lavabos, seis toallas, un reloj de pared, una botella para agua, una bandeja, cuatro vasos, dos quinqués y dos lámpara eléctricas completas. Nadie quería que la Dirección Gral. de Correos y Telégrafos viera poca diligencia en la gestión de todos los trámites.

En agosto recibió el Consistorio una circular del vicepresidente de la empresa International Telephone & Telegraph (ITT) sobre la reorganización del servicio telefónico en España a cargo de su empresa y comunica que es “completa la conformidad con el proyecto por Astillero”. En enero del año siguiente se autoriza una estación telegráfica al Ayuntamiento de Astillero y se le insta a que “solicite al Ferrocarril de Ontaneda suplicándole autorice al Ayuntamiento para tender la línea por sus postes desde el paso a nivel de la Planchada hasta la carretera de Muriedas a Bilbao.”

La compañía telefónica y los primeros usuarios

La CTNE se creó en 1924, como filial de la estadounidense ITT&Co, a quien la dictadura de Primo de Rivera concedió el monopolio del servicio telefónico en España, concesión que consiguió para la mayoría del territorio nacional. En agosto de 1926, el Rey Alfonso XIII y el Príncipe de Asturias inauguraron la central automática de Pereda, en Santander, con el sistema Rotary de ITT. La tercera construida en España. Mientras tanto, en Astillero, teníamos una central manual en la calle San José que, en el año 1951, tenía 76 líneas en Astillero y 6 en Guarnizo. Años más tarde se trasladó a un bajo situado en la C/ Tomás Bretón, frente al Colegio Público, donde permaneció hasta finales del año 1978 que se puso en funcionamiento un servicio automático para 1.250 abonados. Los números automáticos tenían seis cifras y comenzaban por 54.

Antes de automatizarse la telefonía los números de los abonados iban del 1 en adelante hasta el límite permitido de la centralita manual. La operadora unía un número con otro colocando las clavijas de conexión de cada abonado en el panel habilitado al efecto. Recordamos todos como las telefonistas, siempre eran mujeres, con los auriculares puestos y el micro de trompetilla cerca de los labios, movían las manos de un lado para otro sacando y metiendo clavijas.

Para finalizar, voy a enumerar algunos de los primeros abonados telefónicos, aquellos de lo que hay constancia, teniendo en cuenta que en algunos casos los números corresponden a más de un abonado porque las bajas se cubrían repitiendo de nuevo el número y que abarcaban otros municipios del entorno: El número 1, aunque no lo tenemos confirmado, pudo ser del Ayuntamiento o de Azcárate; el nº 2 era el Bar ‘El Titi’; nº 6, el 15 y el 20, los tuvo ‘Astilleros de Santander’; el nº 15, lo tuvo antes el almacén de ‘Eliseo Azcárate’; el nº 7, la fontanería de Fernando Mier; el nº 10, era el de ‘Frutas Maza’; el nº 13, los ‘Almacenes de Alfredo Quevedo’; el nº 21, el ‘Bar Angelín’ y ‘Bar Toki-Ona’; nº 26, la Guardia Civil; el nº 31, Federico del Río, carbonería y luego Bedia y Pérez; el nº 33, Ignacio Vega, fábrica de pinturas; el nº 39 , farmacia de Arce; el nº 40, alpargatería y almacenes ‘Emilio de Diego’; nº 44, ‘Bedia y Cabarga’, nº 45, Fábrica de galletas y caramelos ‘La Sara’; nº 47, alpargatería de ‘Emilio Aguilera’ y el 50, otra alpargatería, la de ‘Mateo Valverde’.

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