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Tras varios días de cielo plomizo, el sol ha salido este sábado para apuntar directamente al rabel de Carmen Guerra, natural del Valle del Asón, ... que a las doce de la mañana lucía su instrumento en el parque Conde San Diego de Cabezón de la Sal, donde se ha celebrado la décimo novena edición del Certamen de Rabel. Empezaban a sonar las primeras notas y la organizadora y profesora de la escuela municipal de rabel de Cabezón, Covadonga Casanueva, presentaba a los participantes con la boca pegada al micrófono. Mientras, Carmen y sus compañeros, componentes todos de la agrupación Asón del rabel, tomaban el fresco apoyados en uno de los laterales de la bolera.
El parque está especialmente lustroso, entre frondosos árboles y cielo azul. Y así ha recibido a los más de ochenta rabelistas llegados de diferentes lugares de la región, de León y de Zamora, que ha tomado parte en el festival de este instrumento curioso, tradicional y manejable, porque no pesa como un violín, «aunque puede parecerse», comentaba Carmen. Ella al suyo le ha puesto nombre: Dos Valles. Es de madera de cerezo. Pero no de un cerezo cualquiera. «De un ejemplar que tenía mi abuelo en Burgos, con el que hizo tablones cuando se secó, que luego fueron mi regalo de boda». Parece que bromea Carmen, pero es verdad. «Así que yo dije: ¿Qué puedo hacer con esto?» Un rabel. Su compañera Lili Carretero sonreía asintiendo. Seguramente no era la primera vez que escuchaba la historia del rabel de Carmen.
A pocos metros, el rabelista Dani Cabezón Lafuente interpretaba un tema sobre el escenario. El público empezaba a ocupar las sillas. «Por la tarde suele haber más gente, sobre todo al final», explicaba Covadonga. El certamen concluye cada año con la actuación de todos los rabelistas y la agrupación coral Virgen del Campo. Esta edición, como invitado especial, un grupo de Zamora, concretamente de la localidad de Villadepera. «Es la primera vez que vienen y están muy ilusionados», afirmaba Mario González, apodado 'el jilguerín de Casares' en León. Mario era minero y siempre ha estado arraigado a la tradición oral. «Los vecinos nos reuníamos alrededor de la lumbre» y el rabel encajó a la perfección en su modo de vida. «Para mí el día de hoy es amistad, porque el rabel me ha dado momentos muy satisfactorios».
El instrumento es dócil. «Se interpretan sobre todo jotas y romances, pero también temas modernos», aclara Covadonga, la profesora, que además pertenece a la Asociación L'Asomá, organizadora del encuentro. Las actuaciones se seceden durante todo el día y el pueblo de Cabezón suena un poco más a tradición. El certamen forma parte del programa de fiestas del Día de Cantabria que Cabezón celebra estos días. El domingo se disputa el XIV Slalom MRM en el polígono de las Navas y a partir de las 20.30 horas, pasacalles del grupo Farándula.
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Ana del Castillo
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