
La obra contra reloj del Poblado Cántabro
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Cabezón avanza en la restauración de las cabañas del complejo prehistórico con la intención de abrir en Semana Santa y reiniciar la actividad tras dos años cerradoEl viento mece el plástico que cubre la cabaña situada en la cumbre de la colina. Hay sacos de cemento, un coche aparcado, una pala ... excavadora. Todo parece estar a medio camino de algo y apenas se escuchan los coches que atraviesan la carretera unos metros más abajo. Es primavera en el Poblado Cántabro de Cabezón de la Sal. Primavera que dura un rato, casi una mañana. Hace sol. Lloviendo tiene que ser un barrizal.
Los trabajos se centran en la vivienda más grande de las tres que recrean cómo vivían nuestros antepasados cántabros. La que pertenece al siglo VIII antes de Cristo, finales de la Edad del Bronce. Las otras dos, una circular (del siglo III a. C. ) y otra rectangular (de la Edad de Hierro, siglo I a. C.) ya están listas para recibir visitas, al menos por fuera. La dotación interior es otro cantar. En la obra para rehabilitar las cabañas del complejo prehistórico hay cierta urgencia. Los operarios trabajan contra reloj para abrir el Poblado Cántabro en Semana Santa tras permanecer dos años cerrado al público. Esa es la intención del alcalde, Víctor Manuel Reinoso (PRC), que no confirma que lo vaya a conseguir, pero confía en hacerlo. «Esperamos poder mostrar al menos las dos que ya han sido intervenidas». La otra ya se verá.
Los trabajos han consistido fundamentalmente en restaurar las techumbres, el talón de Aquiles de las cabañas, formadas por un arbusto conocido como escoba, difícil de encontrar, de colocar y de mantener. El material del que estaban hechas originalmente, eso sí. El anterior alcalde, Óscar López (PP), y su equipo optaron por emplear el método tradicional para reparar las maltrechas construcciones. La actuación se ejecuta gracias a una subvención de la Dirección General de Turismo de 170.000 euros, mediante la que fueron contratados varios operarios, bajo la batuta del arqueólogo Lino Mantecón y del arquitecto municipal. La previsión era recuperar las instalaciones en dos meses, pero hubo que prorrogar el contrato, y el plazo para justificar la obra se acaba el 31 de marzo. De ahí la premura.
La idea de volver a utilizar escoba para las cubiertas había sido desestimada por Reinoso en su anterior etapa como alcalde, consciente de lo complejo de su mantenimiento. Ahora que vuelve a gobernar, afronta el reto de lograr que el poblado sobreviva a la climatología adversa. Que empiece la racha de buena suerte para un recurso turístico que nunca se ha explotado -ni cuidado- lo suficiente. Y que además salió muy malparado de dos episodios de fuertes inundaciones.
A la vez que las cabañas, se está reconstruyendo una parte de la muralla, «de manera que los visitantes tengan la sensación de que están en un auténtico castro fortificado», apunta la técnico de la oficina de turismo Sara Escalante, una de las que más ha luchado por mantener la recreación. Escalante tiene ideas. Muchas. Por ejemplo, «destacar el Poblado Cántabro como un recurso educativo de primer orden». Desestacionalizar la afluencia -recibe unos 12.000 personas al año- con las visitas de escolares; «que se puedan organizar talleres, actividades en torno al poblado -el complejo cuenta con un centro de interpretación-, que los más pequeños aprendan cómo hacían pan o construían sus viviendas nuestros antepasados». Lo que la técnico denomina «arqueología experimental». Exprimir las instalaciones como un reclamo. Porque el poblado, todo hay que decirlo, es el príncipe destronado tras el auge que ha experimentado el bosque de las secuoyas, ubicado en la carretera hacia Comillas, en el término municipal de Cabezón, pero desvinculado del municipio. «Los turistas generalmente prefieren continuar la carretera en dirección hacia la costa que bajar a Cabezón». Ahí juega un «papel fundamental» el Poblado Cántabro y su efecto llamada.
Lo que más necesita el complejo es «tiempo y dinero». «Con la subvención no llegaremos a cubrirlo todo, pero el Ayuntamiento pondrá lo que sea necesario», adelanta Reinoso, que valora el trabajo de sus antecesores en este sentido. Dice Escalante que durante todo este tiempo «nos ha llamado mucha gente preguntando por el poblado». Gente que, como ella, espera que reabra sus puertas para disfrutar de la historia que alberga dentro.
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