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Las atracciones de la familia de feriantes Nieto llevaban aparcadas en una nave del polígono industrial de Los Corrales desde que la pandemia les ... sorprendió a José Manuel y Diego, padre e hijo, mientras ponían todo a punto para las fiestas de San José, en El Astillero, en marzo del año pasado. En ese tiempo, solo estuvieron en marcha durante unos días en Noja, donde se habilitó una zona para barracas y ferias en el mes de agosto. La suspensión de las fiestas patronales paralizó el trabajo de un sector que este fin de semana vuelve con «esperanza» a las calles de Renedo, pero con miedo de «tener que regresar a casa» tras el desembolso que han tenido que hacer para retomar la actividad. «Solo con la documentación de seguros, boletín eléctrico y revisión y mantenimiento anual hemos gastado más de 2.000 euros», cuenta Diego Nieto, uno de los diez feriantes que estará durante las próximas dos semanas en Renedo.
La pandemia irrumpió en su negocio con todas las licencias y seguros pagados, las atracciones revisadas y recién pintadas y los camiones aparcados en el recinto ferial de El Astillero para arrancar la temporada. «Desde entonces, hemos estado a dos velas. Realmente llevamos sin trabajar desde octubre de 2019 porque lo del verano del pasado año fueron 20 días que no dieron ni para pagar los gastos de la temporada», añade.
Durante los últimos diez meses, los feriantes han llamado a muchas puertas de ayuntamientos cántabros para que «nos dejen trabajar»: «Se han olvidado de nosotros: en este sector se da lo máximo desde junio hasta El Pilar, para pasar el invierno, y vamos de cara a perder ya la segunda temporada alta», cuenta José Manuel Nieto, feriante cántabro de largo recorrido. Asegura que han «sobrevivido» con los ahorros de toda la vida y con las ayudas por cese de actividad, unos 700 euros, que dejaron de percibir en mayo.
Diego Nieto - Feriante
José Manuel Nieto - Feriante
Tomás Donaire - Propietario de una churrería
Han llegado a Renedo con «ilusión» y «esperanza» de poder dar el pistoletazo de salida a una temporada que todavía es «confusa»: «Lo vemos más claro que el año pasado, pero estamos pendientes de que otros ayuntamientos se animen, porque nos hemos arriesgado y, sin fiestas patronales, estamos en manos de la consideración de los políticos municipales», cuenta el pequeño de los Nieto mientras el resto de compañeros del sector asiente a su alrededor para reafirmar lo dicho. Uno de ellos lo interrumpe. Es Tomás Donaire, propietario de un pequeño puesto de churros: «Sólo tenemos palabras de agradecimiento para la alcaldesa de Piélagos -Verónica Samperio-, que encima no nos ha cobrado tasas para ayudarnos. Ojalá sirva para que otros se animen y vean que esto es seguro seguro».
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Mientras, Alejandro Cantero, propietario de la atracción 'Turbo Show', sujeta un informe, realizado por un ingeniero, que ha tenido que aportar para montar su barraca. «Entendemos que no se pueden celebrar fiestas como antes, pero queremos trabajar en la medida de lo posible, cumpliendo a rajatabla con el protocolo sanitario que nos exigen», cuenta mientras revisa las páginas del cuadernillo.
Con muchas de las fechas de fiestas patronales tachadas del calendario y otras en el aire, como la Semana Grande de Santander, hacen hincapié en que «unas cincuenta» familias cántabras viven de las ferias: «Tenemos que seguir dando de comer a nuestros hijos y si no remontamos en verano, habremos perdido dos años completos. Lo único que queremos es trabajar», apunta Diego Nieto.
Los hosteleros temen un repunte
Sheila Izquierdo
Las fiestas de San Antonio de Renedo convierten a Piélagos en el primer municipio de Cantabria en estrenar el calendario festivo. Con el 'semáforo covid' como indicador del nivel de restricciones que afectan semanalmente a cada ayuntamiento, ninguno de los municipios bendecidos por el bajo índice de contagios se había atrevido a reanudar los festejos en honor a su patrón. Pero el Ayuntamiento de Piélagos ha dado un paso al frente y lo ha hecho –explicó– «por responsabilidad» y «con responsabilidad». Aunque eso ya ha traído repercusiones.
El San Antonio de este año en poco o nada se parecerá al de justo antes del covid. Las citas deportivas se mantienen y figuran como principales protagonistas, pero no habrá grandes conciertos y las pocas citas musicales que se contemplan ni acabarán de noche ni permitirán rebasar el aforo establecido. La asistencia a las mismas quedará registrada para dar fe de que todo cumple con los protocolos establecidos por Sanidad. Así lo explica la alcaldesa, Verónica Samperio, que subraya que todas las actividades «cumplirán» lo establecido, reiterando, en cualquier caso, que se tratan de fiestas «seguras» y de «pequeño formato».
Pero el mero anuncio del cartel festivo lleva generando ya desde hace días sentimientos encontrados entre quienes lo ven con buenos ojos y quienes temen que las jornadas de actividades terminen pasando factura a la relativa tranquilidad con la que viven en el nivel 1 de riesgo sanitario. Nadie quiere poner su nombre y apellidos para hablar, pero se palpa que en la calle hay división, mientras los mensajes alarmistas vía whatsapp ante la posible llegada de jóvenes de toda Cantabria para hacer botellón se difunden como la pólvora.
«¿Le digo la verdad...? Pero que sea 'off the record'». Off the record. Pero sin los dos calificativos malsonantes que dice a continuación para expresar que lo considera una mala idea: «Ningún hostelero en su sano juicio lo aprobaría. ¿Qué pasa si aumentan los contagios y tenemos luego que cerrar otra vez? ¿Quién asume eso? Y es más, ¿quién va a controlar los aforos? Porque si viene mucha gente y se nos va de las manos, ¿tenemos que ejercer de policías?».
A este hostelero, que conoce el sector en su apogeo, cuando el ocio nocturno de la localidad era la fiebre del oro, y ahora en su declive, la práctica ruina, le indigna la idea de que Renedo tenga que ser el primero en esto de celebrar fiestas. «Va a venir mucha más gente de la habitual», se queja. Y en realidad, lo que hay detrás es el miedo a una situación ingobernable.
Y mientras por un lado, los ánimos no están para bromas, a escasos metros del establecimiento, otra hostelera tiene la opinión contraria. Ella habla de la necesidad de trabajar y de la exageración de llamar fiestas al programa de este año. «Con las cuatro cosas que va a haber, ¿cómo va a atraer a la misma gente?», exclama.
Otra hostelera contesta con un escueto «¿Qué quieres que te diga...?», para acto seguido desaparecer en la cocina y dejar la respuesta en unos puntos suspensivos demasiado largos. Hay tanta divergencia de opiniones que para algunos lo mejor es ni opinar.
Pero aunque sea por si acaso, lo cierto es que desde la Policía Local se han organizado dispositivos de seguridad ciudadana especiales para estos días, con el fin de evitar concentraciones de gente en la calle y los botellones, principalmente. Además, desde el Ayuntamiento, se ha puesto en marcha la campaña de sensibilización 'Fiestas 1, Botellón 0' para prevenir el consumo de alcohol en la calle.
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Ana del Castillo
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