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Javier Albo
Santo Domingo
Miércoles, 12 de abril 2023
La serenidad contenida de Gloria Muñoz se rompe en mil pedazos ante la pregunta de cómo era su madre. «Mi madre era la que unía ... a toda la familia», responde tras recomponerse. «La que nos ha ayudado a cuidar a los nietos». Su madre era María Teresa Ramos, vecina de Santo Domingo de la Calzada y una de las tres víctimas del atropello múltiple de Suesa. Gloria, la mayor de las cuatro hijas de la fallecida, vive aún en la incredulidad ante lo sucedido, reconfortada –confiesa– por la ola de calor de la gente, de sus vecinos, y la infinidad de gestos que han recibido estos días, como la declaración de un día de luto oficial por el Ayuntamiento calceatense o la llamada que realizó el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, a su padre, Alejandro, quizá, el que peor está llevando todo lo ocurrido.
«Tiene muchas pesadillas», cuenta. Y es que él lo vio todo, no el momento del impacto, pero sí los trágicos resultados. Eran, además, inseparables, como recuerda su hija. Aunque viven en Santo Domingo de la Calzada, María Teresa nació en Burgos, en el barrio de San Pedro, igual que su marido, de Gamonal. Llevan 41 años en la ciudad calceatense, a la que se trasladaron cuando él comenzó a trabajar para la empresa Basati.
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María Teresa, o Tere, como la conocía todo el mundo, trabajó en una cooperativa de confección, en la empresa Ultracongelados del Oja y como cocinera en el bar La Taberna, cuando lo llevó una de sus hijas. También limpió casas. «Mis padres han trabajado mucho para darnos a todas estudios. Somos cuatro hijas y había que llevar dinero a casa».
Tanto a Tere como a Alejandro les encantaba hacer camping. Cuando las niñas eran pequeñas todos se iban a Lugar del Río a acampar. Dejaron de hacerlo cuando se prohibió la acampada libre y, entonces, recalaron en el camping de Loredo. Fue en esa época cuando compraron la caravana. Cuando cerró este camping se fueron al de Suesa.
Tras la prejubilación del padre pasaban en él largas temporadas. «A mi madre la llamaba todo el mundo la yaya del camping», recuerda su hija. Tere conoció allí a Erika (la otra víctima del atropello, junto a su hijo Ethan), con la que forjó una relación muy estrecha. Con ella compartía una rutina de cafés en el bar, cartas y de paseos con los dos perros que tenía la familia vizcaína. Fue en uno de sus paseos cuando se produjo el fatal desenlace. Alejandro se había quedado en el camping a ver los concursos televisivos que tanto le gustan. Estaba cansado y rehusó la invitación a ir con ellas, lo que, probablemente le salvó la vida.
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