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El cerdo o 'chon' como lo conocemos en los valles pasiegos ha sido la base de la alimentación en este territorio. En prácticamente todas las familias se criaba uno, con él, estaba asegurado el sustento del año. El cerdo tiene muy poco desperdicio, prácticamente ... se aprovecha todo, con las morcillas, chorizos, tocino, costillas, lomos, solomillos…la casa estaba abastecida, las mujeres ponían en tinajas de barro los chorizos y filetes de lomo metidos en aceite después de ser curados al calor de las cocinas, que servirían para alimentarse en el verano, cuando venían los tiempos de la yerba y no había tiempo de hacer la comida.
La matanza del chon era todo un acto social, recuerdo que en casa de mi abuelo Manolo se reunían vecinos, amigos y familia, era un día de mucho trabajo, tanto para los hombres como para las mujeres, ellos se ocupaban de la matanza y el despiece, y ellas preparaban todo para hacer las morcillas. Ese día también se daba un festín, todos comiendo en el gran comedor ante una larga mesa, repleta de ricos alimentos, pasados unos días te llevaban a casa la «envuelta» que consistía en unas morcillas, una «hebra» o trozo de carne, otro de tocino, un hueso y si ya estaban hechos los chorizos, una riestra de ellos para hacer un buen cocido montañés o lo que viniese a bien. Las familias receptoras lo recibían con gran júbilo. Y siempre quedaban bien diciendo: «Me has traído mucho, no tenías por qué darme tanto, además ya comimos ese día en tu casa, me has traído medio chon ¡Menuda envuelta! Qué rico». La dueña o dueño de la matanza contestaba: «Ya, pero ese día no lo probamos porque estaba caliente, y comimos unos filetes de ternera. Ya me dices como están las morcillas, yo creo que le hemos dado un buen punto».
Pero para que la carne del cerdo estuviese rica, con buen sabor, cuando el chon era pequeño había que castrarlo o caparlo.
En casi todas las zonas de los Valles Pasiegos había un capador que se dedicaba a estos menesteres. Este en la actualidad es un oficio ya desaparecido que han heredado los veterinarios. Con el paso del tiempo y la modernidad las viejas costumbres van desapareciendo.
Con la castración del cerdo se evita el olor sexual presente en algunos machos, otro de los beneficios era la prevención de la reproducción no deseada si hubiese alguna hembra, pues en algunas familias se criaba más de un cerdo, uno era para el consumo y el otro lo vendían cuando ya estaba para matar, sacándose unos buenos dineros o sobresueldo que tapase algún agujero de la precariedad familiar en aquellos tiempos. Otra de las ventajas de la castración era la reducción de los comportamientos agresivos y consecuentes heridas y la conducta de monta.
Los machos eran muy fáciles de capar, no así las hembras, que era mucho más complicado. Este oficio de capador se transmitía de padres a hijos o amigos de viva voz y por la experiencia y estaba vetado para las mujeres.
La base fundamental para aprender este oficio eran la «vista y la práctica» nada mejor que observar a quien ya sabía y era todo un maestro en estos menesteres y posteriormente practicar bajo su supervisión.
En otras provincias o regiones en las que el cerdo tenía gran importancia, como por ejemplo en Extremadura, fue un oficio ambulante y al igual que a los cerdos se castraba a burros, mulos, cabestros…Se capaban en primavera y otoño. Usaban un chiflo para anunciarse como el de los afiladores, pero con diferente melodía para diferenciarse de ellos. Las herramientas utilizadas para estos menesteres eran tenazas, cuchillos o navajas.
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