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Traje regalado a Eva Duarte de Perón. Cancionero popular de la provincia de Santander, 1955. DM
Un traje de pasiega para Evita

Un traje de pasiega para Evita

Se cumplen 75 años de la visita de Eva Duarte de Perón a España, a quien se la obsequió con una colección de trajes regionales y en la que Cantabria estuvo representada por uno de pasiega

José Javier Gómez Arroyo

Vega de Pas

Martes, 22 de marzo 2022, 13:08

Hoy en día sigue encarnando una de esas vidas grandes que se prolongan en el tiempo, propia de ser contada y que se refiere cada ciertos años en libros, canciones, películas, documentales y hasta en esa expresión artística que representa la poesía… y eso teniendo en cuenta que pocas mujeres en la historia suscitan reacciones tan controvertidas como Eva Duarte de Perón, apellido adoptado de su marido, Juan Domingo Perón, presidente que fue de Argentina y en cuyo movimiento político conocido como peronismo el liderazgo femenino de nuestra protagonista fue indiscutible; aunque reconociendo igualmente que el feminismo de hoy, que valora su lucha por los derechos políticos de la mujer y aplaude su destacada actuación en la consecución del voto femenino, la convierta en figura conflictiva y la recuse por haber marcado a su propio género con una sumisión al hombre, ya que Eva Duarte no dejó de ver a su particular sexo enmarcado en el lugar propio que representaba el hogar y con una función también para ella inherente y reflejada en el simple hecho de fundar una familia, pues, lejos de enojarse con su correspondiente destino biológico, aceptó su condición y sus ideales concedían a la mujer la interpretación que el orden social establecido, que no la naturaleza, siempre la había dado y que se traducía en ser buena esposa, mejor madre, cuidar a sus hijos y formar ese hogar.

Aun así, contando además con la embelesada relación que mantuvo con su esposo, dispuso de las armas precisas para mostrar el lado más amable de su legitimidad, sabiendo politizar a las mujeres y feminizar a la política como abanderada que fue de esa justicia, por lo que, aunque hoy puedan parecernos muy limitadas aquellas ideas al respecto, debemos reconocer que el simple hecho de luchar en aquellos difíciles tiempos por la presencia de las mujeres en la vida pública y la igualdad entre ambos sexos ya significaba de por sí un acto revolucionario, sentido de una lucha social que en su libro 'La razón de mi vida' ella misma lo aclaraba: “No es filantropía, ni es caridad, ni es limosna, ni es solidaridad social, ni es beneficencia. Ni siquiera es ayuda social, aunque por darle un nombre aproximado yo le he puesto ese. Para mí es estrictamente justicia”.

Aquella mujer, tan santificada por unos como sacrificada por la injusta misoginia al verla inmersa en la política, vino en 1947 y en auxilio a una España castigada por toda la comunidad internacional tras haber pasado una irracional guerra civil y haberse impuesto un régimen dictatorial, y lo hizo como representante política de un país hermano, Argentina, al que le unían y siguen hoy vinculando estrechos lazos culturales y sociales, para traer trigo y paliar el hambre, lo cual de por sí, mal que le pese a algunos políticos con vocación de teóricos de la memoria, ya validaba el gran agradecimiento dispensado. Como broche de oro para aquella visita, que permanece aún en el recuerdo de muchos y en la que el general Franco hubo de tragarse algún que otro sapo también, le fueron regalados a la ilustre visitante una colección de trajes regionales con sus correspondientes aderezos, tales como zapatos, sombreros, ropa interior, joyas y accesorios propios de cada región y que eran reflejo de cada una de las cincuenta provincias españolas, muestrario de alrededor de ochocientas piezas que hoy en día es único en el mundo. Cantabria, entonces provincia de Santander, fue representada con un traje de pasiega con cuévano niñero incluido y que traemos al recuerdo con esta imagen, fotografía de una lozana del lugar que ejerció de modelo portando aquel representativo atuendo que fue regalado a la primera dama de Argentina y publicada en 'El cancionero popular de la provincia de Santander' del padre don Sixto Córdova y Oña en el año 1955; y atavío que recientemente volvió a ser exhibido como parte de esa colección en el museo Enrique Larreta de la ciudad de Buenos Aires y en la que estos trajes, a pesar de la suntuosidad de todos ellos, conforman una alegoría de las mujeres rurales españolas, las pasiegas incluidas, hoy determinantes y emprendedoras en su medio, pero que aún se mantienen en escenarios de desigualdad y dentro del grupo humano más humilde, aquel que la propia Eva Duarte de Perón denominaba 'descamisados', por lo que quizá debiéramos entre todos arroparlas siquiera con el valor que tuvo aquella histórica mujer argentina que desafió al machismo de su época y que, aun dejando esta vida siendo muy joven, supo brillar con luz propia para ser, como a ella misma le gustaba ser recordada, sencillamente Evita.

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