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1
La noche santanderina gira en torno a este antiguo cañaveral donde se cazaban aves en el siglo XVIII. En 1981 se abrió el primer bar, pero nada hacía presagiar que la plaza pegada a la iglesia de Santa Lucía se convertiría en la catedral del ocio nocturno. Las farolas artísticas del escultor José Quintana y un vecindario cansado del botellón han sido testigos de esta transformación más cultural que urbanística.
2
La gran arteria que recorre el centro de Santander de este a oeste, en paralelo al mar, se asfixiaba a la altura de la calle Burgos. La vía, que un día fue el camino real de la Mies del Valle, tenía tres carriles para vehículos y un metro y medio de acera. Hace 24 años, el Ayuntamiento decidió poner fin a ese caos de coches, tiendas y peatones soterrando el tráfico. Una solución replicada en 2014 en el Centro Botín.
3
A finales del siglo XIX, el Ensanche hacia Oriente culminó en una espectacular avenida que comunicaba la antigua dársena de Molnedo (ahora Puertochico) con El Sardinero. El autor del proyecto, Alejandro Valle, lo llamó la carretera de la costa. Con el tiempo, esa vía ganada al mar y bautizada en junio de 1899 en honor al político Emilio Castelar -que había muerto días antes- fue dejando atrás su estética portuaria para convertirse en muelle de paseo y dársena deportiva.
4
La pila existía. Era un manantial que vertía sus aguas a un arroyo cercano que, con el tiempo, se convirtió en la calle del Martillo. Desde entonces, el Río de la Pila ha mantenido su personalidad pejina. El funicular y las rampas mecánicas que permiten salvar sus 'pindias' cuestas conviven con el carácter bohemio de un barrio vinculado desde los ochenta a la 'movida' nocturna. Sus vecinos siguen peleando para erradicar el botellón. Para que el agua vuelva a correr por el Río.
5
Es uno de los últimos 'robos' que se le hizo al mar en Santander, a finales del siglo XIX nació la avenida de las Farolas. El relleno de la Dársena Grande brindó a la ciudad un espacio horizontal donde celebrar actos y concentraciones públicas. En los últimos años, el entorno de los Jardines de Pereda y la plaza de Alfonso XIII ha sufrido una nueva reforma impulsada por la construcción del Centro Botín.
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El Hospital Marqués de Valdecilla se vino abajo el 2 de noviembre de 1999. Cuatro personas perdieron la vida. El gran centro hospitalario de Cantabria no curó las heridas hasta el año pasado, cuando finalizó una obra que parecía interminable. Tres grandes torres albergan los principales servicios de un hospital que compite con los mejores del país.
7
En el parque de Mesones (llamado así por el famoso doctor) sólo sobrevive un córner. Es el último vestigio de los antiguos Campos de Sport de El Sardinero, donde el Racing jugó entre 1913 y 1988. Allí entraban 21.800 espectadores, la mayoría de pie. Y allí disfrutaron del juego de Rafael Alsúa. Ahora, un córner y algunos niños dando patadas al balón guardan la memoria del primer fútbol que saboreó la ciudad.
8
La ciudad recuperó para su ocio y disfrute la marisma de Las Llamas hace casi diez años. Las aguas pantanosas que separaban la avenida de Los Castros del barrio de Monte han dejado paso a un gran parque que, una década después de su inauguración, aún parece recién estrenado. Conciertos, un aparcamiento para caravanas y eventos deportivos tratan de dar vida a un recinto que sigue buscando 'clientes'.
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Ana del Castillo
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