
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Cubierta por la vegetación, cuesta distinguir la Casa Rosales, en la finca Mataleña -sí, sin 's' al final-, si uno no se fija bien. ... Es parte de su encanto: colores ocres en otoño, más llamativos en primavera. Sin embargo, pierde la gracia si la hiedra que se apoya sobre sus muros no recibe los cuidados suficientes. Tras décadas cerrada a cal y canto, la Casa Rosales vuelve a la actualidad con una moción registrada por el PRC que se debatirá en el Pleno de la próxima semana y que exige al equipo de gobierno su rehabilitación para darle un nuevo uso, «preferiblemente cultural», y evitar que su recuperación se vuelva un imposible, como ha ocurrido con otros espacios de Santander, como el Castillo de Corbanera.
La construyó José Rosales para su familia a principios de los años 30, con idea de disfrutar en ella de sus últimos años de vida y los de su mujer, ya enferma. Así lo refleja su nieto Ignacio Rosales en el libro 'Finca Mataleña, Casa Rosales', del que es coautor junto al director general de Urbanismo del Ayuntamiento de la ciudad, Antonio Bezanilla. Con unas vistas privilegiadas al mar y a escasos pasos de la playa de Mataleñas, no tardó mucho en cambiar de propietarios. En 1937 se convirtió en la sede del Gobierno Vasco y una de las razones por las que el entonces lehendakari José Antonio Aguirre terminó por rechazar la casa fue su cercanía a la batería de costa de Cabo Mayor, un objetivo militar que, en medio de la Guerra Civil, les ponía en peligro.
Después del conflicto, la Casa Rosales volvió a manos privadas. Esta vez, a la familia Pérez, que fue propietaria hasta pasado el año 2000. Sin apenas uso, comenzó un proceso de expropiación que se ha alargado hasta hace apenas unos años -la anulación del PGOU en 2017 ralentizó los trámites-, cuando el Ayuntamiento adquirió por fin su propiedad. Pero, desde entonces, no se le ha dado ningún uso.
La moción del PRC, que se debatirá el jueves que viene, exigirá que «no vuelva a caer en la ruina» otro edificio que forma parte de la historia de Santander y de Cantabria, «como lo fueron el teatro Pereda, la muralla Carlista de la calle Alta, el Cabildo, el Castillo de Corbanera o la batería de Cabo Menor, destruidos por la desidia y la dejadez».
El portavoz regionalista, José María Fuentes-Pila, explica que la intervención que plantean «pasaría por el estudio del estado del inmueble, su rehabilitación y su puesta en valor tanto histórica como natural-paisajística y cultural». Así, los regionalistas pretenden que se realice un concurso de ideas destinado a dar un fin adecuado al edificio, «preferentemente cultural y vinculado al patrimonio de la zona».
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Ana del Castillo
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