-U1901065947705zIF-U2001058972232IBC-758x531@Diario%20Montanes.jpg)
-U1901065947705zIF-U2001058972232IBC-758x531@Diario%20Montanes.jpg)
Secciones
Servicios
Destacamos
«¿Y a mí la muela quién me la saca?», repetía un hombre ante la puerta del centro de salud La Marina, en la calle ... Castilla. Allí había un cartel que informaba de que el centro estaba «cerrado por inundaciones» y una administrativa con un cubo en la mano lleno de botes para recoger muestras dando las explicaciones que podía a todo el que llegaba. «Cuando hemos llegado a trabajar nos hemos encontrado cinco centímetros de agua», contaba Pedro López, enfermero del centro. El aviso se dio pasadas las siete y media de la mañana. Llegaron a trabajar y estaba todo inundado, con una vía de agua en una sala de espera y de paso pegada a la consulta de fisioterapia y próxima a la zona de extracciones. En la planta baja. ¿Qué pasó? Que se rompió el latiguillo de dilatación de la tubería por la que va la general, según explicaba el fontanero que trataba de arreflar la avería. Fuera, claro, revuelo. Dentro, fregonas, cubos, Llaves inglesas, un revoltijo de objetos puestos sobre las mesas y los mostradores y mucha agua. A eso de las diez menos cuarto y tras reordenar los servicios disponibles habilitaron la planta superior –que no se vio afectada– para ir atendiendo lo que se pudiera.
A falta de una explicación oficial, lo que se contaba en el centro. La rotura de la pieza –que se coloca en las tuberías de cobre para evitar los riesgos de rotura por las dilataciones del material– hizo que cayera una tromba de agua que inundó la planta baja e inutilizó el sótano. No se acumuló, eso sí, en el falso techo, lo que hubiera supuesto un riesgo de desprendimiento. Quitaron, por si acaso, las baldosas de una columna próxima afectada por la humedad. Había agua en los pasillos, en los despachos, en la sala de extracciones... Se cortó la luz en un primer momento, pero los sistemas no se vieron afectados. Tampoco los ordenadores. Y personal del centro comentaba que, pese al agua acumulada en el sótano (que se utiliza para almacenaje), material sensible como las vacunas estaba en buen estado y tampoco se había visto afectado.
Una mañana complicada, en imágenesVer 19 fotos
Acudieron, entre otros, la subdirectora de Gestión junto a otros responsables. Se celebró una reunión con el personal para transmitir que el edificio –que ya tiene sus años– no estaba en riesgo y que era apto, en la medida de las posibilidades que dejaba el agua, para ofrecer atención asistencial. Las extracciones del día quedaron anuladas y, una vez abierta la primera planta, se trató de ir recolocando las citas (en el día y en los días próximos). «Estamos intentando volver a la actividad normal».
Pero hasta ese momento lo que no se puedo evitar fue el revuelo y la confusión. El hombre de la muela –«al final se me cae la boca entera»– tenía cita para que le dieran un calmante y hora con el dentista. Una de tantas historias durante las casi dos horas de puertas cerradas. «Tengo consulta a las nueve y veinte, ¿qué hago? ¿Espero?», «mi mujer tiene una cita con la doctora a las ocho», «¿y cuándo nos atienden?», «es que no nos cogen el teléfono»... Frases en la puerta. O conversaciones por teléfono. «Llama a tu oncólogo y le dices que el laboratorio está cerrado». Unos se lo tomaban mejor (con inevitable resignación) y otros, peor. «Menudo desastre, no hay derecho».
Cada uno, obviamente, con su historia. «Yo estoy para el fisio. Voy a esperar, pero no sé si hoy se arreglará. Nos podían haber llamado por teléfono que tienen el número de todos», comentaba Mari Ramos. A su lado, con un bote en una bolsa en la mano que trataba de entregar a algún sanitario, Cándido Díaz. «Traigo una muestra de mi mujer, que está con covid. Voy a esperar un poco, pero no sé».
Unos se fueron y otros se quedaron a esperar hasta que abrieron. El vestíbulo principal abrió un espacio para poder llegar a la rampa por la que las personas con discapacidad suben a la primera planta. Para el resto, se abrió una puerta lateral que suele estar cerrada y que, a través de unas escaleras, va directa al espacio superior. Y en cada una de estas entradas, personal del centro para organizar el asunto. «Pase por aquí», «no, por ahí no se puede», «las extracciones están cerradas»... Todo, mientras el fontanero estaba dale que te pego con la llave inglesa. «Costará un poco soltarlo, pero una vez que lo suelte, bien».
El consejero de Salud, César Pascual, confirmó a última hora de la mañana el relato de lo sucedido que este periódico ofreció desde primera hora. La rotura de la cañería, un «imprevisto» y la suspensión de la actividad asistencial en el centro en esos primeros instantes. «A lo largo del día se procurará hacer una revisión completa de la parte baja y de los techos para garantizar que no hay ningún riesgo», dijo Pascual. «Y mañana (por este miércoles), a las siete y media bajarán la subdirectora de Gestión y los técnicos del Servicio Cántabro de Salud para dar el visto bueno si se puede funcionar normalmente». Pascual añadió que «los profesionales han tratado de atender lo mejor posible a los usuarios que acudían al centro».
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Noticias seleccionadas
Ana del Castillo
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.