Secciones
Servicios
Destacamos
Esta Semana Santa el obispo de Santander ha rivalizado en notoriedad nacional con Revilla –de rifirrafe con Brasero– por su discutido pregón en Valladolid. Aprovechando ... que por allí pasa el Pisuerga pidió el perdón para los corruptos, en un trance de mayúscula clemencia, sin administrar siquiera la preceptiva penitencia. No necesitan ni arrepentirse. Como Maroto que ha borrado su máster inexistente, o nuestra alcaldesa que reconoce el error de su currículo, de las farolas, y del MetroTUS que liquida con una plegaria: lo siento, me he equivocado, no volveré a dilapidar siete millones de euros.
Obedeciendo al obispo, el Gobierno ha indultado a seis condenados por corrupción para que no entren en la cárcel. Para éstos –como son del gremio– no reclaman ni cumplir íntegramente las penas, ni la permanente revisable. A los independentistas no les salpica la indulgencia episcopal, sería un escándalo. Perdónalos, Señor, porque la infanta y Ana Mato no saben lo que hacen.
La misericordiosa benevolencia –por supuesto, sin pretenderlo– alivia la conciencia, entre otros, de los votantes del partido 'Mariano' cuyos enésimos casos aislados de corrupción son flaquezas de infante, hilillos de plastilina. Esta bula –indulto moral de Bárcenas, Granados, Urdangarín, Rato y El Bigotes– camufla el voto a las siglas políticas que los amparan como acto de virtuoso perdón. Piedad que contribuye a avivar la impunidad ética, la mayor fortaleza de los corruptos. Desconocemos la inspiración del obispo cuando el Papa Francisco sostiene que la corrupción es casi incurable. Defiende el lema: Pecador, sí; corrupto, no. El primero tiene conciencia de que se equivoca. El corrupto, según el pontífice, no.
El caso es que Santander, en lugar de ser noticia, acaba llamando la atención –son conceptos distintos– por esperpénticas estridencias como esta alegoría del perdón, el desplante de Enrique Iglesias, o disparatadas traducciones. En la 'smartcity' éramos tan inteligentes que hasta los contenedores de basura nos iban a avisar solos cuando estuviesen llenos. Han resultado ser tan eficaces como el MetroTUS. Al final les han puesto un timbre. El colmo de la innovación. La inteligencia de la ciudad ahora depende de que apretemos un botón.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Pastillas, cadáveres en habitaciones distintas... la extraña muerte de Gene Hackman y su mujer
Oskar Belategui | Mercedes Gallego
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.