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Las autoridades sanitarias aún no han tomado cartas en el asunto, pero a este ritmo pronto comprenderán que la salud pública está en peligro. Me refiero a la epidemia de bulos y mentiras que se propagan por esos nuevos medios de comunicación que inundan nuestras pantallas móviles y fijas. La gripe y el resto de males infecciosos que han asolado la humanidad van a contemplarse como simples resfriados si esa epidemia continúa. Es cierto que hay personas que se han puesto manos a la obra, como los voluntarios de VOST, una organización dedicada a frenar las noticias falsas que se extienden por internet. Esta iniciativa tiene como principal campo de actuación las emergencias, pero nos da pistas para encontrar el remedio. Dicen que lo más importante es educar a la población en el análisis de la información, sobre todo a los más jóvenes. Así que cuidado con lo que leemos. Confiar en los medios de comunicación consolidados, que acrediten contar con verdaderos profesionales del periodismo siempre será una garantía de credibilidad. Si leemos en otras fuentes, hagámoslo con mascarilla y ojos bien abiertos, que es muy probable que alguna maliciosa mentirijilla se nos cuele en el organismo y debilite nuestras defensas.
En España estamos viviendo un claro ejemplo de esa epidemia en Cataluña, donde casi la mitad de la población está contagiada de una enajenada realidad en la que hasta el Pato Donald puede ser presidente de la Generalitat y celebrar sus reuniones de Gobierno en un Disneyland Bruselas de fantasía. En Cantabria también hay focos de infección de cosas raras. El otro día, por ser más específico hace unas 24 horas, me encontré con una web de noticias entre cuyos articulistas de actualidad aparecen cuatro fallecidos. Es el nuevo estilo de la comunicación virtual, el que llega hasta el más allá. Pero quienes saben de mentiras son los aficionados al deporte, que en Santander las sufren en abundancia. En este caso nuestra naturaleza ha sido capaz de crear anticuerpos para hacernos inmunes ante tanta desfachatez, de tal manera que los síntomas de inquietud que antes producían, se han convertido en simples risotadas. ¿Servirá para crear una vacuna?
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Ana del Castillo
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