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La figura del bisonte de Altamira, con los drones. Fotos y vídeo: Juanjo Santamaría y Daniel Pedriza
Camino de Luz

Una noche jubilar sobre la bahía de Santander

Trescientos drones, fuegos artificiales y música se fusionan en el cielo en un espectáculo insólito ante miles de personas

Candela Gordovil

Santander

Sábado, 6 de mayo 2023

Lucía Martín y sus hijos llegaron desde Beranga hasta Santander para ver el «el espectáculo de drones». A las 19.00 horas se sentaron en uno de los bancos de Reina Victoria, «un sitio privilegiado» para no perderse ni un detalle del evento. «De aquí no nos mueve nadie». La playa de Los Peligros, abarrotada. Se llenó de grupos de jóvenes que montaron su pícnic particular, -no faltó la cerveza- y de familias entusiasmadas con la gran función. Igual que la campa de La Magdalena, las barandillas de Reina Victoria y las playas del otro lado de la bahía -Pedreña, Somo y el Puntal-. Como la noche de los fuegos de verano, pero a lo grande.

Nadie se quiso perder 'Camino de luz', esta cita tan especial enmarcada en las actividades del Año Santo, y que mantuvo a miles de personas con la mirada en el cielo santanderino durante 24 minutos. El sonido de los campanos fue el preludio de una actuación mágica en la que trescientos drones, acompañados de fuegos artificiales, dibujaron la Puerta del Perdón, el Lignum Crucis de Santo Toribio o el bisonte de Altamira.

Hubo tanta gente, que el espectáculo se retrasó diez minutos por la cola en el acceso a la campa de La Magdalena. Una zona a la que se podía ingresar con entrada y que, según la Policía Local y la consejería de Turismo, completó el aforo (12.000 personas). Y esto, a pesar de que la incertidumbre sobrevoló la celebración del evento por la lluvia.

Tarde, pero empezó. El horizonte se tiñó de azul mar y el sonido de los cencerros dio la bienvenida a la primera y más significativa figura de la noche: la Puerta del Perdón. Desde ese momento, los drones recorrieron la historia de Cantabria y del Año Jubilar Lebaniego: el Lignum Crucis, reliquia cristiana conservada en el monasterio de Santo Toribio de Liébana acompañada de una imponente melodía, el bisonte de Altamira o los delfines de la bahía de Santander. Un poema visual, de la mano de la empresa francesa Groupe F, que culminó con una potente y colorida traca de fuegos artificiales.

Fueron 24 minutos. Y a algunos les supo a poco. «Se me ha pasado volando», comentó Mónica García mientras abandonaba la campa de La Magdalena. Otros, como Miguel Merino, se esperaban «algo más». Y los más pequeños querían que comenzase de nuevo. «Nos ha encantado. Te sumergía en la historia de principio a final», contó María Ruiz. «Los niños quieren que se repita otra vez y hasta los fuegos de verano nada. Pero no es lo mismo».

El sentir de muchos de los que vieron el espectáculo desde la playa de Los Peligros es que no pudieron apreciar bien las figuras de los drones por el humo de los fuegos artificiales. Especialmente al final de la función. «Los fuegos preciosos pero sólo hemos visto un par de figuras de los drones», comentaban entre ellos.

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