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Un peatón cruza Jerónimo Sainz de la Maza entre coches desde el apeadero del tren hacia el parque de La Marga. DM
La peligrosa costumbre de cruzar por La Marga

La peligrosa costumbre de cruzar por La Marga

Numerosos peatones atraviesan la calle que une las dos rotondas en lugar de acceder por el paso subterráneo habilitado para ello

Laura Masegosa

Santander

Domingo, 21 de abril 2024, 02:00

Más de 210 trenes de Renfe paran todos los días en el apeadero de Valdecilla, lo que se traduce en un gran número de pasajeros que entran y salen de la estación. ¿A dónde se dirigen? Muchos hacia la zona del hospital. Para ello, estas personas cruzan por los pasos de cebra de la turborrotonda. Hasta aquí todo bien. Pero, ¿qué pasa con aquellos que acuden hacia el entorno de La Marga? En toda la recta de Jerónimo Sainz de la Maza que une la rotonda de Valdecilla Sur con la de La Marga no hay ningún paso de peatones. La única opción de cruzar la calzada es atravesando el paso subterráneo que conecta la zona del polígono con el parque. El problema es que muy poca gente lo hace. Muchos esperan a que no pase ningún coche para cruzar por los seis carriles -tres en cada sentido- de Jerónimo Sainz de la Maza. Un auténtico peligro y algo complicado teniendo en cuenta lo transitada que es esa zona. Da igual la hora del día. Caminan hasta la parte donde no hay valla, miran a la izquierda, después a la derecha, esperan a que haya una distancia prudente entre coche y coche, cruzan y llegan a la mediana. Están a salvo. Pero todavía tienen que enfrentarse a otros tres carriles, así que repiten la misma jugada. Y no solo cruzan desde el apeadero hasta el parque, también al revés, con el mismo peligro.

A la izquierda, una mujer atraviesa la carretera a escasos metros de los vehículos. Y, a la derecha, el paso subterráneo que conecta ambos lados de la calle. DM
Imagen secundaria 1 - A la izquierda, una mujer atraviesa la carretera a escasos metros de los vehículos. Y, a la derecha, el paso subterráneo que conecta ambos lados de la calle.
Imagen secundaria 2 - A la izquierda, una mujer atraviesa la carretera a escasos metros de los vehículos. Y, a la derecha, el paso subterráneo que conecta ambos lados de la calle.

¿Por qué lo hacen? Unos por «pereza». Para acceder al pasaje subterráneo, los peatones tienen que caminar 150 metros hacia la rotonda de La Marga -desde el apeadero- y retornar otros cuantos metros más por el carril peatonal. María Ferreras es una de las tantas personas que cruzan por mitad de la carretera y asegura tener una excusa para hacerlo: «Tengo problemas en las piernas y cuanto menos ande, mejor. Lo hago por pereza y por costumbre. Es mucha distancia. Tendrían que poner un paso de cebra o un semáforo». En lo de incorporar un paso de peatones coincide Vicente Vila, otro de los peatones que atraviesan Sainz de la Maza: «Cruzo por simple comodidad. Podrían poner un paso de cebra porque, además, está habilitado para ello, pero no lo hacen».

Otros deciden atravesar los viales para llegar a tiempo a coger el autobús -hay paradas en ambos márgenes de la calle-, como es el caso de Soraya García: «Es la vía mas rápida. El pasadizo te coge lejísimos y la otra opción es ir hasta Valdecilla Sur. Además, me quedaban tres minutos para coger el autobús y no me daba tiempo».

Hay más motivos por los que los atrevidos peatones no utilizan el pasadizo para cruzar al otro lado: que ni siquiera conocen su existencia. A lo largo de toda la calle solo hay un cartel que dice «Peatón, por su seguridad cruce por el paso subterráneo» y, para más inri, es pequeño y está deteriorado, lo que dificulta su lectura. «Hasta hace unos días yo también cruzaba la carretera porque no sabía que había un túnel. Lo tendrían que indicar más y mejor», responde José María Fernández, uno de los ciudadanos que sí que pasan de un lado a otro de la calle atravesando el paso subterráneo.

También hay quienes, depende de la hora, no se atreven a pasar por el túnel -a pesar de haber una cámara de seguridad-. Ana Santiago asegura pasar a diario por el pasadizo de La Marga, pero «solo por el día», confiesa. «Es un callejón pequeño, pero está muy oscuro. Al estar apartado da miedo pasar por él, y más aún por la noche. En ese caso cruzo la carretera».

Y es que las condiciones del paso subterráneo dejan bastante que desear. A medida que te acercas se distingue un olor muy desagradable, que dentro de la cavidad se potencia aún más. Además, muchas de las rejillas de los desagües están levantadas, no funcionan todos los flexos y el techo está en mal estado. A esto hay que sumarle los grafitis que adornan las paredes. El Ayuntamiento los borró el año pasado pero los grafiteros ya se han encargado de volver a dejar su huella.

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