

Secciones
Servicios
Destacamos
Los bajos comerciales vacíos son una realidad que va a más en muchas calles de las grandes ciudades. Y Santander no es una excepción. ... La transformación del comercio, con el auge de las grandes superficies, los supermercados y las ventas por internet, hacen mella, sobre todo, en los pequeños negocios. Una realidad visible en el centro, como en la calle Isabel II, pero aún más sangrante en los barrios y en las zonas de la periferia. Los ultramarinos, las carnicerías, las panaderías, las mercerías y un sinfín de comercios son cada vez más difíciles de encontrar y muchos de los locales que se quedan vacíos dan un giro hacia un nuevo uso, como el de vivienda, tanto particular como turística.
19 licencias
de obra mayor se han otorgado este año para convertir locales en viviendas
Como explica el presidente del Colegio de Aparejadores, Miguel Berrazueta, el auge de los apartamentos turísticos en bajos comerciales está ligado a la dificultad de los propietarios para alquilar este tipo de locales. «Cada vez es más complicado, sobre todo alquilan las grandes franquicias y lo hacen en el centro», apunta. Por eso, muchos locales en barrios, cuando cierran, tardan mucho en reabrir o directamente pasan años cerrados y acumulando desperfectos y suciedad. «Cuando cierra un comercio pequeño, no suele reabrir. Y en los locales se acumula basura o se mete gente a dormir como pasó en Isabel II».
Los bajos comerciales reconvertidos en viviendas son cada vez más comunes en el paisaje urbano de Santander. En lo que va de año, se han dado diecinueve licencias de obra mayor para reconvertir locales y darles uso residencial, que puede ser para que vivan particulares en ellos o para explotarlos como negocio turístico. Es una tendencia en crecimiento en los últimos años. En 2020, se tramitaron un total de 36 licencias y se ejecutaron 43 viviendas, ya que cuatro de los locales comerciales albergaron dos viviendas cada uno y, en otro de ellos, de mayor tamaño, el proyecto incluía la división del suelo en cuatro viviendas. En 2021, el Ayuntamiento concedió 33 licencias de cambio de uso a residencial para ejecutar 42 viviendas y, en 2022, se concedieron 22 licencias para ejecutar 31 viviendas en bajos.
Uno de esos locales comerciales que se ha transformado en alojamiento turístico se ubica en el número 14 de Nicolás Salmerón. Abrió en febrero y son, en realidad, tres apartamentos con acceso independiente que han dado un lavado de cara al bajo del edificio. Entre 2014 y 2022 hubo allí un supermercado pero, desde su cierre, el espacio se había convertido «en un nido de ratas», según explica su actual propietario, Antonio Jiménez. Ante la polémica surgida en torno al borrador de pisos turísticos del Gobierno de Cantabria, que ha recibido 56 escritos de alegaciones y una notable contestación desde distintos sectores, defiende que este tipo de viviendas deben regularse y localizarse en bajos o en edificios que se destinen íntegramente a esta actividad, ya que considera que cuando se ubican entre viviendas particulares pueden surgir problemas con los vecinos.
Los tres apartamentos de Jiménez, bajo el nombre Bahía Arena, tienen dos alturas y entradas individuales, por lo que los clientes no tienen que utilizar el portal de los vecinos para acceder a los inmuebles. La decoración elegida para los tres es muy similar: moderna y minimalista, con tonos claros y algún toque de color en elementos como las alfombras. «Lo ha diseñado un equipo de arquitectura», apunta Jiménez.
Este tipo de alojamientos no tienen nada que ver con otros de uso turístico que se publicitan por internet y que, en muchas ocasiones, son pisos en una planta entremezclados con viviendas de particulares y con la apariencia que tenían cuando estaban habitados por sus anteriores inquilinos. «No estoy a favor de que se entremezclen los pisos turísticos con los de particulares, entiendo que eso sí pueda molestar a los vecinos», insiste.
También hay nuevas viviendas en bajos que se destinan a uso particular, como explica el decano del Colegio de Arquitectos, Román San Emeterio. ¿Qué ventajas tiene? Lo primero, «son espacios a la carta». «Hay muchas tipologías de espacios, los locales comerciales son por lo general más adaptables, con espacios más abiertos que permiten diseñarlos al gusto de quien los compre». Otra ventaja de adquirir un local para transformarlo en una vivienda es el precio, más bajo por lo general que el de un piso. En un vistazo rápido a la oferta de las inmobiliarias, puede observarse que el precio de locales en el centro de Santander oscila entre los 1.400 y los 1.700 euros por metro cuadrado, precio que sube a los 2.000 y 2.600 euros en el caso de los pisos. Pero hay más condicionantes -en este caso, negativos- a tener en cuenta: «En un bajo vives a ras de acera y hay que plantearse cuestiones como la seguridad y la intimidad», apunta San Emeterio.
Para el decano de los arquitectos, esta transformación de los bajos de la ciudad supone una «revolución urbana». Una transformación ligada a los cambios en los hábitos de consumo. «Hay locales vacantes y suceden cosas nuevas. No solo viviendas, también abren oficinas y negocios como trasteros», ejemplifica. La evolución del pequeño comercio está en parte vinculada al envejecimiento de la población y a la forma de consumir de los jóvenes, que por lo general no van a más de un negocio para hacer la compra sino que van a un supermercado o tiran de internet.
En cuanto al auge de estas viviendas donde antes había bajos comerciales, San Emeterio lo ve como algo positivo si se tiene en cuenta que la alternativa, en muchos casos, da lugar a «espacios sucios y abandonados porque nadie los alquila para abrir negocios. Los usos se transforman». Tampoco aboga porque haya calles enteras destinadas a este uso, «sino a la ciudad mezclada». Y apunta que esta nueva vida que se da a los locales puede favorecer cambios en su entorno, con intervenciones que mejoren las calles donde se ubican, ya que aquellas avenidas con muchos bajos sin uso provoca que la calle en sí se convierta en un lugar sin tránsito ni vida.
¿Ya eres suscriptor/a? Inicia sesión
Publicidad
Publicidad
Te puede interesar
Publicidad
Publicidad
Favoritos de los suscriptores
Noticias seleccionadas
Ana del Castillo
Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.
Reporta un error en esta noticia
Comentar es una ventaja exclusiva para suscriptores
¿Ya eres suscriptor?
Inicia sesiónNecesitas ser suscriptor para poder votar.