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R. Muñiz | CH. Tuya
Lunes, 3 de abril 2023, 11:23
Después de once días las últimas llamas que arrasaron la región se apagaron ayer. Por tierra y aire guardas y bomberos continuaron vigilando en Allande, ... Belmonte de Miranda, Tineo, Valdés y Villayón los once focos que aún humeaban. La crisis parece quedar atrás, si bien el riesgo de incendio forestal vuelve a ser extremo a partir de mañana según los partes de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).
Se reproduzcan o no los incendios, el trabajo continúa. Toca reponer energías, hacer papeleo y digerir la indignación. En Asturias esta catástrofe tiene detrás la mano del hombre y es cíclica. O lo que es igual, es evitable y no recibe la solución debida.
La superficie arrasada por incendios ronda los 250.000 kilómetros cuadrados en lo que va de siglo, el equivalente a una cuarta parte de todo el territorio. Por encima de las 10.000 hectáreas destruidas quedan los años 2000, 2002, 2009, 2011, 2012, 2015, 2017, 2019 y 2023. En siete había elecciones, coincidencia que no indica causalidad.
Lo que sí ha sido determinante en cada ejercicio son unas condiciones meteorológicas concretas, de vientos fuertes tras una seca que dejó el terreno lleno de combustible vegetal. En los últimos doce meses cayó en Asturias un 16% menos de lluvia de lo habitual. Diciembre se fue con una temperatura media 2,4 grados por encima de que acostumbra y el invierno resultó el decimosexto más cálido en 62 años.
El trabajo de bomberos y guardas forestales pasa ahora por elaborar un informe de cada incendio. Se perimetra el espacio calcinado, se apuntan causas probables más allá de ese factor meteorológico y hay una primera valoración de la erosión y medidas cautelares a solicitar.
Urge determinar si hay que recurrir al 'mulching', técnica que cubre de paja seca los montes para que la lluvia resbale sobre esa cubierta vegetal. De otra forma las toneladas de ceniza acaban arrastradas a los ríos, contaminándolos y perjudicando pesca y marisqueo.
También se debe determinar si el terreno presenta riesgo de desprendimiento que afectaría a alguna vía de comunicación que reclame protección. En este tipo de informes antes se solicitaba el acotamiento para impedir el aprovechamiento ganadero, opción que ahora ya solo se aplica en supuestos donde se ha perjudicado a una masa arbórea.
Otra de las medidas atañe a la caza. La disposición general de vedas que regula la práctica establece que en las áreas de caza donde se calcine más del 20% de la superficie se procede a la veda «toda la temporada, de forma automática», para facilitar la recuperación de la fauna.
Hay por tanto trabajo inmediato y de él depende cómo la catástrofe termina afectando a la caza, la pesca, los ríos y las comunicaciones. La evaluación de qué ha fallado, cuáles son las medidas de precaución, disuasión y extinción que evitarían o reducirían la catástrofe resulta tan aconsejable como repetida. Esas enseñanzas están en la Estrategia integral de prevención y lucha contra los incendios 2020-2025, pero buena parte siguen sin aplicar.
Han sido durante años la clave para dar con los incendiarios y poner sobre la mesa de la fiscalía indicios suficientes para lograr una condena. Las Brigadas de Investigación de Incendios del Principado (Bripas) se constituyeron en 2003 y sobre el papel funcionan con cuatro equipos, uno en el oriente, otro en el occidente y dos en la zona central. Cada uno está integrado por dos guardias del medio natural y un bombero. El plan advertía de que «la indudable experiencia y el conocimiento acumulado en esta materia se está comprometiendo por la constante variación del personal técnico que compone la plantilla de los cuatro grupos».
Fuentes sindicales confirman que los grupos del oriente y del occidente tienen las plazas de guardas vacantes, en algunos casos «varios años». El PP preguntó a la consejera de Presidencia en mayo de 2022. Rita Camblor reconoció que había decidido «demorar a corto plazo la incorporación de nuevo personal» porque esperaba que en un tiempo «razonable» se aprobara la nueva ley de empleo público y con ella se creara la escala de investigador de incendio. El objetivo final -dijo- es «transformar» las vacantes en ese nuevo puesto y que todos los integrantes del las Bripas vayan perteneciendo a él. Es decir, para solventar el inconveniente de tener equipos de trabajadores de dos cuerpos distintos se han frenando relevos, acentuando la inestabilidad y restando capacidad para identificar a los incendiarios.
Problema parecido ocurre con las cooperativas forestales. En otros momentos el responsable de bomberos de cada zona podía llamar a la empresa asignada a su zona para recibir el apoyo de cuatro peones forestales en las tareas de extinción. Un cambio en el sistema de contratación que se sigue preparando está retrasando contar con este ejército en la reserva.
La mejor forma de apagar un incendio es evitando que prenda. El plan aconsejaba incorporar medios de vídeo vigilancia y drones «inicialmente de forma experimental» y preferentemente en los concejos que se sabe «de mayor actividad incendiaria», algo que se conoce bien. El 44% del territorio presenta riesgo «alto o muy alto» de sufrir el próximo incendio, según la última versión del Plan de Incendios Forestales (Infopa), reproducido en estas páginas. Son más de 3.000 los núcleos de población dentro de esa categoría.
Tres años y medio después del plan, sigue sin avanzarse en esa línea, y ello a pesar de que hay un ejemplo próximo. Galicia apostó en 2018 por poner una red de videovigilancia para controlar sus montes. Tiene 120 cámaras, 60 centros de telecomunicaciones y toda esta red vuelca en tiempo real sus imágenes a una sala de pantallas en el Centro de Coordinación Central de Defensa contra los incendios. Según la Xunta, la inversión fue de dos millones y monitoriza así el 54% del territorio, disuadiendo a los incendiarios.
Otro de los puntos débiles en Asturias está en que, pese a estar demostrado que los fuegos se prenden sobre todo a última hora del día, los guardas forestales terminan su horario de guardia presencial a las 17.30. Se recurrió a ellos como apoyo a los bomberos cuando la situación empezaba a volverse crítica. «Viendo cómo estaba el monte tenían que habernos mandado como prioridad patrullar y hacer acto de presencia», indican los aludidos.
La lista de mejoras por aplicar es amplia. La última crisis ha evidenciado la importancia de tener una cartografía de inmuebles que ofrecen mejores condiciones para confinar a población rodeada de fuegos y más entrenados estos simulacros.
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Ana del Castillo
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