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El terror nos ha invadido como una grave epidemia universal o pandemia. Ciertamente azota más en unos lugares que en otros, pero somos sabedores ... que el virus patógeno circula libremente, y su afectación puede incidir en cualquier lugar del mundo. Se trata generalmente de individuos solteros, libres, que de forma explosiva, encolerizados, salen a la calle con un arma, y sin mediar hecho o circunstancia alguna, sin ningún tipo de explicación previa y razonable, proceden a asesinar en masa a cuantos hombres, mujeres o niños, se interpongan en su itinerario, en actitud violenta e irreflexiva, hasta terminar abatidos por la policía, o por ellos mismos, mediante el suicidio.
No es fácil desde fuera encontrar sentido a un sinsentido, es más bien complejo, difícil, enigmático, hallar una explicación a un hecho que carece de palabras en nuestro vocabulario.
La ciencia criminológica intenta bucear de acuerdo con su obligación en los hechos, y en ocasiones habla de la presencia de un brote psicótico, en otras pudiera tratarse de un episodio de esquizofrenia paranoide, o puede que en el fondo se encuentre una personalidad patológica, sociópata explosivo. Según los casos, se podría identificar con uno u otro proceso.
Pero hoy queremos comentar un síndrome específico, el Síndrome de Amok, que parece que podría dar respuesta a muchos hechos violentos con asesinatos en masa, ocurridos en los últimos años.
Amok es un palabra malaya, que significa atacar y matar con ira. El doctor Westermeyer, psiquiatra, en el año 1972 descubrió un síndrome en el que se daba un episodio aleatorio, aparentemente no provocado, de un comportamiento asesino, seguido generalmente de una actitud autodestructiva, como amputaciones graves, o incluso el suicidio del protagonista.
Son generalmente personas cuya edad oscila entre los 20 y los 40 años, con fama de excéntricos o raros, hijos de familias acomodadas, que generalmente han sufrido algún episodio de humillación, y que con el tiempo van alimentando su rabia y resentimiento, por lo que proceden a la elaboración de una estrategia, mediante la que resarcirse o hacer catarsis, que incluso la hacen publica con todos los pormenores, disfrutando de la astucia del episodio horroroso. Ciegamente, y dotados de grandes anteojeras, salen a la calle con la sola idea de dar salida a su rabia, insatisfacción y sufrimiento, asesinando a cuantas personas encuentren en su camino, hasta llegar a ser abatido por la policía y si no lo son, entrar en amnesia o autoviolentarse, mutilándose o suicidándose. Estos individuos son imputables porque concurre una actividad cognitiva conservada, son conscientes, conocen, diseñan, y publicitan sus actos, además tienen la firme voluntad de realizarlos, para lo que elaboran una estrategia que les va a permitir cierta satisfacción y catarsis, a la hora de su realización.
En sus comienzos se definió como un síndrome con un carácter cultural, o propio especialmente de Malasia, Filipinas y Puerto Rico. Hoy carece de fronteras de tal forma que su presencia puede darse en cualquier lugar del mundo. Se pensó que era consecuencia fundamentalmente de un previo aislamiento del individuo, cuya presión generaba hostilidad. Hoy se ha observado la falta de veracidad de tal teoría, al ocurrir los episodios en ciudades superpobladas.
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Ana del Castillo
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