
El edificio fantasma de Mies de Vega
Torrelavega ·
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Los vecinos del entorno confían en que el viejo inmueble ilegal sea derruido cuando entre en vigor el nuevo Plan General de UrbanismoPasan las décadas y el viejo edificio ilegal de Mies de Vega continúa ahí, erguido, convertido en un símbolo del urbanismo de tiempos pasados, ... cuando algunos constructores trataban de regularizar sus obras siguiendo la política de hechos consumados. El que levantó este esqueleto fantasma fuera de ordenación, cerca del centro de Torrelavega, no tuvo éxito y los vecinos del entorno speran que sea derruido por fin cuando entre en vigor el nuevo Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) del municipio, que acaba de ser aprobado de forma inicial.
Son muchas las preguntas que se plantean los ciudadanos cuando pasan junto al viejo edificio de siete plantas. ¿Por qué no se acabó la obra? ¿Quién era su propietario? ¿Cuál será su futuro? En este artículo se intentan aclarar algunas de estas cuestiones. En el expediente abierto en el Ayuntamiento figura que al constructor, Luis Pondal Rubín, propietario de la empresa 'Torres de la Vega', se le concedieron tres licencias para levantar este bloque de viviendas en los años 1975, 1977 y 1979, aunque, según confirman algunos vecinos, las obras se iniciaron en la década anterior.
En principio, Pondal pidió permiso para construir 16 viviendas en cuatro plantas, pero, finalmente, levantó siete alturas, como tienen algunos edificios cercanos, lo que significaba poner a la venta 12 pisos más. El empresario pidió la legalización de la ampliación, pero la Corporación, ya en etapa democrática, denegó la licencia por incumplir el Plan General de entonces, aprobado en 1964. Ante este revés, Pondal decidió acudir en 1980 a la Delegación Provincial de Obras Públicas y Urbanismo para que regularizase la situación del inmueble. El citado organismo, dependiente del Estado, pidió información al Ayuntamiento, que volvió rechazar la licencia por encontrarse el edificio fuera de ordenación (sin calles, aceras, saneamiento...).
José María González | Vecino
Finalmente, el 13 de abril de 1993 la Comisión de Gobierno del Consistorio, hoy Junta de Gobierno Local, declaró formalmente la caducidad de los permisos concedidos a Pondal, al que se concedió un plazo de audiencia para presentar alegaciones que no aprovechó. La caducidad de las licencias se argumentó en base a la inactividad imputable al promotor, que incumplió el plazo de 24 meses para terminar las obras. También influyó en la decisión que en 1985 se aprobó el nuevo Plan General de Ordenación Urbana, aún en vigor.
Según fuentes municipales, el inmueble será finalmente derruido en los próximos años, cuando la Corporación de luz verde definitiva al planeamiento urbanístico que sustituye al de 1985, que ahora se encuentra en exposición pública. Pero los vecinos del entorno no lo tienen tan claro. José María González 'Chema', que reside en la calle José Pedraja desde que nació, hace 44 años, ya jugaba de niño en el edificio sin terminar. «Ahora está todo tapiado -explica-, pero los chavales siguen metiéndose en la obra con el peligro que ello conlleva, porque hacen el tonto y suben hasta la última planta». 'Chema' se queja del abandono del entorno: «En el edificio hay grafitis y parte de la grúa sigue ahí tirada, pero la finca de al lado ya ves como está, llena de zarzas, ratas, basura y chatarra para dar y tomar».
Otro vecino «de toda la vida» en Mies de Vega es Fernando Cobo, que recuerda lo que sucedió durante la obra: «Primero levantaron cuatro alturas, que era lo que contemplaba el permiso, pero Pondal vio como otros constructores levantaban siete plantas y quiso hacer lo mismo, pero se lo pararon y ahora está para derruirse». También hace hincapié en que el inmueble tiene su historia negra: «Cuando estaban desmontando la grúa se cayó uno de los obreros y se mató».
Fernando Cobo | Vecino
Cobo no cree que se puede evitar la demolición de la estructura, porque «debe tener aluminosis, el hormigón está reventado en algunos sitios». El vecino recuerda que la familia Pondal es «histórica» en el sector de la construcción en Torrelavega y, de hecho, la calle en la que se levantó el edificio lleva el nombre de uno de sus miembros: Carlos Pondal. «Esto era todo de ellos -señala-, compraron varias fincas y la calle se la cedieron al Ayuntamiento. También hicieron la iglesia de al lado, que sigue sin abrirse al culto por estar como el edificio, fuera de ordenación. Pondal intentó urbanizar esto a toda costa. Era una de las familias más antiguas de Torrelavega en el sector de la construcción; fue la que llevó a cabo la primera remodelación de la Plaza Mayor».
Igualmente, recuerda que las primeras casas de Mies de Vega se levantaron a principios del siglo pasado, después de que «tocase el primer premio de la Lotería». También la mina de Reocín eligió el lugar para levantar chalés para sus directivos e ingenieros -el paseo principal se llama Julio Hauzeur, en honor al ingeniero belga que fue uno de los impulsores de la actividad minera en el siglo XIX-. Una de esas casas perteneció a la familia Pondal, que «luego desmontó y trasladó piedra a piedra para reconstruirla en Torres, nada más pasar el puente».
Pero hace mucho que acabaron los tiempos de relevancia económica y Mies de Vega no ha tenido suerte en su desarrollo, como el edificio que está pendiente de derruir. El viejo y fallido plan parcial no sólo ha convertido a esta amplia y céntrica zona de Torrelavega en la menos poblada del municipio, sino también en la más apetecible para su desarrollo urbanístico después de décadas de paralización y olvido. El nuevo PGOU subdivide este espacio estratégico de la capital del Besaya en cinco sectores residenciales para facilitar su gestión -en uno de ellos se incluye el inmueble sin terminar- y prevé que con la ejecución del plan parcial la zona pase a quintuplicar su número de habitantes -de 592 a más de 3.000-gracias a la construcción de 800 viviendas.
Mies de Vega está situada entre el casco urbano y los barrios de Covadonga y Paseo del Niño, tiene numerosos propietarios y cuenta con algunos edificios en altura en los bordes y casas rurales y chalés en el interior de la mies, junto con restos de alguna explotación agropecuaria y viejos talleres. Las expectativas creadas al principio superaron la realidad y parte de su población, cansada de esperar el desarrollo urbanístico prometido, ha terminado por emigrar. Por eso su número de habitantes se ha ido reduciendo paulatinamente de los 867 que tenía en 1991 a los 592 actuales.
Los vecinos del barrio solo representan el 1,1% de la población de Torrelavega y apenas hay inmigrantes extranjeros (2,4%). Son tres habitantes por kilómetro cuadrado y la tasa de envejecimiento es muy alta. Todas las miradas están puestas ahora en el futuro desarrollo urbanístico como solución a los principales problemas, incluida la demolición del viejo edificio sin terminar.
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