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Las terrazas improvisadas proliferan a pie de calle en Torrelavega para no perder clientes
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Los hosteleros se reinventan tras las últimas restricciones por el covid, que obligan a mantener cerrado el interior de los establecimientosLa recomendación de fomentar la actividad en el exterior como medida de control de la pandemia se complica con la entrada del invierno. Sin embargo, ... es la única opción que les queda a los hosteleros de Torrelavega tras las últimas restricciones por el covid y que impide la entrada de clientes al interior de los establecimientos.
Una situación que provoca la proliferación de improvisadas terrazas y veladores -en algunos casos rozando la ilegalidad- y cuyo objetivo principal es no perder clientes y evitar el cierre de los negocios. «Tenemos que ir tirando como podemos, no nos podemos quedar parados, no queda otra que buscar fórmulas y si el Ayuntamiento nos permite ampliar la terraza, tenemos que hacerlo es la única manera de sobrevivir porque los bares pequeños no nos podemos permitir el lujo de estar cerrados. Debemos hacer frente a pagos como el alquiler, la luz, seguros, autónomos... y eso solo se hace trabajando, con las ayudas no da para cubrir los gastos», explica un hostelero del barrio de La Inmobiliaria mientras observa las obras de ampliación de su terraza.
Además, comienzan los meses más fríos y bares y restaurantes empiezan a intentar adaptarse a las restricciones y a la lluvia y las bajas temperaturas para maximizar el consumo al aire libre. La hostelería local está en plena búsqueda de alternativas, pero ¿todo vale para alargar el 'terraceo'? El concejal responsable de Seguridad Ciudadana, Pedro Pérez Noriega, reconoce que la situación es «excepcional» y la normativa es más flexible para aquellos hosteleros que disponen de menos espacio en la calle o antes no tenían, ahora que los bares y cafeterías no pueden servir en el interior. El edil recuerda que todas estas instalaciones cuentan con los permisos correspondientes y cumplen con la ordenanza municipal, y agrega que desde el Consistorio «se está haciendo todo lo posible para que los hosteleros tengan alternativas y puedan mantener abiertos sus negocios». A ello, se une la medida adoptada por la Corporación municipal para que el sector no pague las tasas correspondientes por la instalación de terrazas en la vía pública hasta el año 2022. Los hosteleros la han acogido con satisfacción aunque insisten en que «no soluciona todos los problemas». «Y es que no todos disponemos de una terraza con capacidad para veinte mesas como es el caso de la Plaza Roja», señala el dueño de un bar en Nueva Ciudad, que agrega que «con espacio en la acera para dos mesas, ¿cómo voy a vivir? y con el interior cerrado, es imposible». En este sentido, el gremio se ha visto obligado a agudizar el ingenio y sacar metros de donde no los hay y ganar «algo de terreno a la acera», pero, insisten, «dentro de la legalidad». Así, solo basta darse un paseo por la ciudad para ver como las habituales terrazas de mesas y sillas con sombrilla -que como dice un camarero «vale para el sol y para la lluvia»- y cenadores de todo tipo proliferan por las calles. Algunas a ras de suelo, otras sobre plataformas, cubiertas con mamparas permanentes o móviles, «lo que sea para no perder más clientes», porque según la dueña de un bar de La Inmobiliaria «ya estuvimos confinados en el barrio y es una tragedia para un autónomo».
Las propuestas sobre el fomento de exteriores durante las fiestas son constantes a lo largo de las recomendaciones elaboradas el Gobierno y que ha pasado a las comunidades autónomas para planificar la Navidad y, en el caso de bares y restaurantes, el documento remarca que las terrazas se considerarán zonas exteriores «siempre que tengan un máximo de dos paredes, muros o paramentos, siendo este un requisito para permitir la libre circulación del aire».
En cuanto al frío, una de las vías por las que está apostando la hostelería son las estufas de exteriores, que pueden ser eléctricas o funcionar con gas y que llevan tiempo en el punto de mira por su potencial contaminante. En la capital del Besaya no es lo habitual pero en algún establecimiento disponen de ellas para hacer la estancia más confortable ahora que las temperaturas son más bajas. Isabel, que regenta junto a su hermana un bar en la plaza Baldomero Iglesias, se muestra agradecida con la clientela fija con la que cuenta cada día, porque gracias a ella su terraza está tan llena como siempre. «Nosotras tenemos suerte porque tenemos estas mesas», señala comprensiva con los restauradores que no disponen de ese espacio y únicamente pueden recurrir al servicio a domicilio. A pesar de las pérdidas que desde hace meses llevan arrastrando y las que van a suponer tener el interior cerrado, no se plantea cerrar su local: «Sabiendo que tengo clientes vengo, aunque llueva a cántaros, cerrar no es una opción», asegura.
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Ana del Castillo
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