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Nos vamos al pueblo
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Villanueva de Pría: cómo un centenar de vecinos pasan a ser cinco veces más en veranoPablo Antón Marín Estrada
Miércoles, 19 de julio 2023, 18:43
En Villanueva de Pría, un pueblo del concejo de Llanes, en Asturias, los vecinos piensan ya en la cuenta atrás para su fiesta de La ... Magdalena. El popular Ramu en honor de la patrona saldrá, como cada 22 de julio, del barrio de El Pandu con el coro de pandereteras entonando sus plegarias y, tras la misa solemne, serán subastados los roscos de pan que lleva colgados entre las cintas de gala. Ahora, el armazón del Ramu permanece desnudo en el patio trasero de Casa Toño, aguardando también en su alma de madera que llegue el día grande. Toño, José Antonio Granda Villa, a sus increibles 89 años maniobra cerca con su tractor. Él y su mujer, María de la Concepción Fuentes, fueron pioneros en el turismo rural de esta pequeña aldea de la costa occidental de Llanes. «Entonces no se llamaba así. Teníamos un bar y en la parte de arriba de la casa abrimos una pensión para los veraneantes. De aquella era gente que venía de Langreo, en la cuenca minera, Oviedo y algún madrileño. Tuvimos el negocio cuarenta años, así que vimos cómo crecía el auge turístico en la zona y cómo se transformaba el pueblo», relata ahora en un descanso. Sonríe extendiendo los brazos cuando se le pregunta si fueron muchos los cambios.
Villanueva cuenta, en datos del último padrón, 101 habitantes, una cifra que los propios vecinos consultados rebajan unánimemente a la mitad para referirse a las personas que hoy viven aquí durante todo el año. Su ubicación en el concejo llanisco, donde la población de 13.611 habitantes se multiplica por cinco cada verano -según estimaciones del propio municipio y de las empresas hoteleras locales-, hace que su propio censo de turistas alojados en los diversos establecimientos del pueblo armonice con las cifras globales de la zona y, probablemente, las supere. Basta darse un paseo por el lugar para contar al menos ocho de ellos entre apartamentos, casas de aldea o alojamientos rurales, a los que hay que sumar varias viviendas vacacionales. La oferta aumenta solo con que nos desplacemos unos centenares de metros o muy escasos kilómetros, a las aldeas vecinas que forman la parroquia de Pría: La Pesa, Garaña, Llames, Belmonte o Piñeres. Es uno de los puntos calientes de la costa oriental asturiana, con los Bufones -cavidades verticales en contacto con el mar que en marea alta expulsan enormes chorros de agua pulverizada- como principal reclamo. Muy próximas -se puede ir a pie desde Villanueva-, las playas de Cuevas del Mar, la de La Canal -a tiro de piedra de la aldea- o la de Guadamía, que atraen a numerosos visitantes.
En una de las sendas que conducen, a través de un espectacular paisaje de acantilados y praderas, por un lado a Cuevas del Mar y en el opuesto a La Canal, nos encontramos con Ángel Villa cuidando su huerta. Octogenario y jovial, es natural de Villanueva, pero afirma que vivió más años fuera que aquí debido a una actividad laboral que lo llevó prácticamente por toda España. Volvió al pueblo cuando se jubiló y su madre, Celsa Corrales Frade, fue otra de las pioneras turísticas del pueblo. Fallecida en 2018 a los 104 años, abrió en 1957 La Casona, un pequeño hotel que aún sigue en funcionamiento como negocio familiar en manos de su hija Angelines. «Los veraneantes siempre dieron vida a Villanueva y el turismo hace que ahora mucha gente de aquí pueda dedicarse a ello, incluso los más jóvenes, como mi hijo y su mujer. Se construyeron también bastantes casas nuevas, otras las compraron para rehabilitar, la mayoría como segundas residencias. A mí me parece bien, pero la verdad es que en verano son muchos más los de fuera que nosotros», explica sin perder el humor.
Dentro de La Casona -un edificio restaurado del siglo XVIII- Angelines Villa, Geli, ayuda a Miriam -nuera de Ángel Villa- con el menaje de las habitaciones. «Tenemos familias que repiten año tras año y mucha gente de paso, de todo tipo. Estar en un pueblo con tanto turismo nos beneficia a todos, seguramente, pero ahora mismo en toda esta zona igual hay ya demasiado y eso tampoco es bueno. Y los hay que se aprovechan para alquilar en sus casas o en pisos por Internet. Debía controlarse más», explican.
Al lado, en el mismo barrio de Pandu, Carmen y Ana Sánchez Cabrales, hermanas, se dedicaron durante años al alojamiento rural: «Todo el mundo vivió del turismo aquí y, si fue bueno, también es verdad que con el dinero y, sobre todo con el politiqueo, las relaciones entre la gente cambiaron, ya no son como antes, cada uno mira lo suyo y no tanto para la vecindad. Aparte de eso, bienvenidos sean los turistas que mantienen vivos los pueblos, aunque el Ayuntamiento nos tiene bastante abandonados y aquí por los acantilados no se puede ni pasar de matorral. Parece que solo miran por la capital», lamentan ambas.
Camino de la capilla de La Magdalena nos cruzamos con un grupo de adolescentes de Navarra y La Rioja. Están alojados en el cercano albergue, al lado de la iglesia de San Pedro de Pría. Sus monitoras se deshacen en elogios: «Esto es maravilloso. El paraíso de verdad. No nos extraña que todo el mundo se venga aquí. Se respira naturaleza, tranquilidad... Y se respira en general, que ya ve cómo están en toda España». Al fondo, en la cima de la Sierra del Cuera, la neblina también respira bajo el cielo azul.
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