
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Ciuca derramó dos lágrimas. Una, apenas pasadas las ocho menos veinticinco de la tarde cuando la nombró Pablo Zuloaga. Otra, sobre las ocho, cuando Pedro ... Sánchez la miró directamente desde la distancia y la convirtió no en una, sino en decenas de miles de personas para las que, dijo el presidente en funciones, se ha hecho «justicia». Y el público arrancó en un aplauso sólido, cerrado, emocionado, como si llevara guardando el batir de palmas desde las anteriores elecciones del 28 de abril.
Ciuca sólo pudo llevarse una mano al ojo izquierdo y secárselo. Esta mujer tiene 90 años y el pasado día 24 pasó varias horas delante del televisor contemplando la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos. Posiblemente, entonces no pensó que ayer, sentada a media altura del patio de butacas del Palacio de Festivales, conformaría el retrato sentimental del mitin de precampaña que el PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, ofreció en Santander a paso ligero: cuatro ponentes, 65 minutos de discursos, subidas y bajadas rápidas por las escaleras del escenario. Quizás es que los políticos están precalentando. La campaña será breve; si te da la pájara al principio ya llegas con las urnas puestas.
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Estuvieron todos. El presidente del Parlamento regional, Joaquín Gómez; el delegado del Gobierno, Eduardo Echevarría; y las consejeras autonómicas Ana Belén Álvarez, que gestiona el área de Empleo y Política Social, y María Sánchez, al frente de Economía y Hacienda. Faltó el responsable de Sanidad, Miguel Rodríguez, que se encontraba en un cónclave sanitario en Galicia. Luis Santos Clemente, aspirante al Congreso en las elecciones de abril y que ha sido reemplazado por Pedro Casares al renunciar por «motivos personales», también asistió a los discursos de sus compañeros.
La candidata al Senado, Isabel Fernández, exaltó el carácter «municipalista» de la lista cántabra para las elecciones del 10 de noviembre. Y desde el patio de butacas y las bancadas situadas al fondo del escenario le respondieron todos los alcaldes socialistas de la región. De hecho, podría haberse celebrado aquí una cumbre de municipios y aprovechar para debatir algunos problemas como el despoblamiento o la digitalización rural.
Pero no. Los asuntos locales ocuparon únicamente unos renglones en un mitin donde o decías tres palabras clave -Franco, bloqueo y votadnos (mucho)- o no participabas. De hecho, el acto comenzó sin previo aviso con imágenes en blanco y negro del dictador -nadie sabía muy bien a qué atenerse-, acompañadas de otros planos de su exhumación y de Pedro Sánchez realizando una ofrenda a las Trece Rosas. El No-Do ha vuelto. ¿No le han parecido un poco generalistas los discursos? «¿Y de qué vas a hablar? Lo importante es que Pedro gane y no pase lo que ha pasado ahora, que nos han robado el Gobierno». Jesús Navarro, 58 años, antiguo sindicalista de chamarra con cremallera bien subida, sale a paso vivo del palacio. Los discursos le han sonado bien. «Hay fuerza», dice. A escasa distancia, camina otro veterano. Ayer fueron mayoría. «Soy socialista de toda la vida. ¿Qué quiere que le diga?», comenta sin aflojar la marcha ni dar su nombre, pero con el rostro satisfecho.
El barómetro demográfico de la política está en los puestos de 'merchandising'. Los socialistas tienen uno. Lo colocan a la entrada de la sala. No hay pérdida. Todo es rojo. Un despliegue de banderolas, rosas, chapas, tazas, abanicos y hasta unos ositos de peluche con el anagrama socialista. La política se aprende desde la cuna. El puesto registraba anoche la mayor concentración de jóvenes y matrimonios con hijos pequeños del mitin.
«Da un poco pena que no vengan más jóvenes, aunque igual es una cuestión generacional y luego viene otra más comprometida», confiaba Lita Blanes, de 48 años y «cien por cien sanchista». Aunque, atención, Pedro Casares también convenció mucho al auditorio. El propio Sánchez alabó su vehemencia verbal y escénica. Le saludaron al grito de «¡guapo!». Y a veces, sí es cierto, se daba un aire a Springsteen pidiendo que le voten.
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Ana del Castillo
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