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Carmen Merino dedicó este martes cerca de una hora para completar su versión de los hechos en el caso de la decapitación de Castro ... Urdiales. Tras dejar clara su estrategia durante su primera intervención del lunes, en la que señaló a su amiga Carmen Mendoza y dejó la sombra de la sospecha sobre el hermano de Jesús Mari, hoy se centró en responder sobre ciertas cuestiones que han llevado a los investigadores a considerarla la única y principal sospechosa de la muerte de su pareja.
El problema con el que se topó fue que los principales testigos del caso desmontaron su declaración. Al menos desmintieron esos aspectos que ella ha destacado, a preguntas solo de su abogado y del jurado (a las acusaciones no ha querido responder), para defender su inocencia.
Carmen Mendoza, la amiga que descubrió el 28 de septiembre de 2019 el cráneo, fue la más rotunda a la hora de refutar una serie de aseveraciones de la encausada, que ha llegado a afirmar que «le di una caja con juguetes sexuales, no con un cráneo». «Miente», respondió Mendoza. «No he ido a su casa sin estar ella. Miente cuando dice que he realizado búsquedas en su ordenador. Es mentira que le encargase que me comprara una botella de Ballantine's y que bebiese como ella dice...», declaró.
Pero no se quedó ahí. Porque también negó que hubiese tirado los tejos a Jesús Mari o que le gustase. «Tenía relación con él porque era pareja de Carmen. Es más, nunca he estado con él a solas, siempre estaba presente ella o alguno de los amigos con los que solíamos salir».
Sobre esa supuesta atracción, Merino contó que dejaron de salir los viernes por la noche con Carmen Mendoza, su hermana Ana y otros amigos, «porque Jesús estaba incómodo con las insinuaciones de Mendoza». Sin embargo, su amiga, que confirma que dejaron de salir por las noches, apuntó que seguían quedando de día «para comer o tomar algo». «La relación seguía siendo la misma. Yo apreciaba a Jesús, porque era la pareja de mi amiga», insistió.
Fue el 1 de marzo de 2019, cuando Carmen Mendoza y su hermana se enteran de la desaparición de Jesús Mari. Aseguran que llamaron a la acusada para felicitarla por su cumpleaños, y que esta les dijo que estaba en Castro y su novio de viaje con unos amigos. Un mes depués, en abril, es cuando Mendoza acude a casa de Merino y esta le pide que se lleve «un paquete» con unos juguetes sexuales porque le daba «vergüenza» que la Guardia Civil lo viera en el registro de su vivienda por la búsqueda de Baranda.
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Cinco meses después de esa entrega, Carmen Mendoza decide abrir el paquete porque estaba «harta, hartísima». Todo ello después de dar un ultimátum a la procesada. «O vienes a por el paquete o lo abro», a lo que Merino le contestó: «¡No se te ocurrirá!». «Pues mira, lo abrí», añadió. Pero el abogado de la acusada no se conformó con la explicación de esta testigo e insistió: ¿Pero por qué lo abrió? «Porque no me gusta el olor del plástico dentro del armario. No es que oliese, pero cuando decidí abrirlo, retiré las bolsas que contenía el paquete y abrí el neceser, sí olía».
En ese punto dio todo tipo de detalles acerca de lo que se encontró esa noche del 28 de septiembre «porque es algo que no se olvida». «El paquete estaba recubierto por una bolsa de plástico blanca y un papel de regalo azul con unas motitas blancas que envolvía a su vez más bolsas, de plástico pero negras, como las de basura, y bastante opacas».
Después de desatar los nudos de varias, «tres o cuatro», dice que había un neceser con forma «ovalada», de color «beige con motitas marrones», que se lo había visto a Merino en viajes («llevaba en él sus cosas y las de Jesús)». Sin embargo, al mostrarle fotografías de estos artículos que constan en las actuaciones a través de una pantalla aseguró no reconocer el papel de regalo ni tampoco las bolsas, y «creo que no es el neceser», aseveró, aunque sí recuerda ver «en el suelo» una hoja de periódico con un crucigrama.
En el interior del neceser había otras «dos bolsas» y luego ya vio «la parte de la cabeza», por lo que cerró el paquete y salió «corriendo» en busca de su hermana y cuñado (con los que lo volvió a abrir todo después), que viven al lado, para avisar a la Guardia Civil. «No había bebido alcohol, en absoluto», apuntó, desmintiendo la versión de la acusada, a la que llamó para preguntarle si sabía lo que había en la caja. «Me dijo que sí y que ahora iba. Después, cuando llegó a mi piso me dijo: Teníais que haberme llamado a mí antes que a la Guardia Civil».
Tras ofrecer su versión sobre lo sucedido el día de autos, Mendoza reconoció que tenía las llaves de la casa de Merino «pero no la del portal». Además, aseguró que su cuñado realizó dos cambios en la cerradura de la vivienda de Jesús Mari y la acusada. «La cambió porque Carmen tenía miedo de que alguien entraba en la casa, un 'poltergeist'».
Este miércoles tendrá lugar la cuarta sesión del juicio. A partir de las 10.00 horas comparecerán nuevos testigos de la acusación pública. Entre ellos, un amigo del finado, tres guardias civiles que intervinieron en la causa y los dos sanitarios de la ambulancia que el día en que apareció el cráneo trasladaron al centro de salud de Castro, con un cuadro de ansiedad, tanto a la acusada como a Ana Mendoza. «Valiente amiga eres, mira en qué lío me has metido». Eso fue lo que le dijo Ana María Mendoza a Carmen Merino ya dentro de la ambulancia y de camino al centro de salud, según declaró durante la instrucción del caso uno de los sanitarios y confirmó después el otro. Ante esto, Merino agachó la cabeza y no replicó en el momento. Aunque poco después dijo: «Lo siento», afirmaron.
Si Mendoza fue rotunda a la hora de desmentir a la acusada, el hermano del finado, Andrés Baranda, no se quedó atrás. Es más, llegó a acusar directamente a Carmen Merino de la muerte de su hermano. «Cuando desapareció no hable nunca con mi hermano porque se lo había cargado», soltó. También negó que Jesús Mari le ingresara durante un tiempo 300 euros al mes para ayudarle. «Me daba 100 euros, porque estaba en el paro y nunca me dijo que me los fuera a quitar». Sobre el testamento apuntó que su hermano le comentó que había introducido a Merino como una de las herederas, «pero no me dijo si me había quitado a mi».
Respecto a las supuestas búsquedas que dice la acusada que hizo en su ordenador, Andrés también fue muy explícito. «No las hice, yo no he entrado en ningún ordenador. No sabía ni que mi hermano tenía correo electrónico». También descartó haber visto la motosierra que la acusada dice que compró Jesús Mari y llevo a casa de sus padres. «Nunca la he visto y tampoco hemos ido a serrar con una caladora».
Andrés Baranda, que dijo tener una «buena relación» con su hermano», explicó que Jesús Mari «siempre me avisaba» cuando se iba de viaje y «nunca me escribía por whatsapp». También desmintió a la encausada sobre la supuesta denuncia que ella quería presentar pero que no llegó a materializar. «Nunca le dije a Carmen que no denunciara».
Otro de los testigos que compareció hoy fue el primo del fallecido, Alfonso Ricondo, que fue quien denunció la desaparición de Jesús Mari y quien sospechó de la acusada. «Esa relación iba a durar poco. La relación entre mi primo y Carmen era fatal. No iba bien. No era normal. Ella montaba unos tinglados...». En cambio, dice que la suya con Jesús Mari era «buena», desmintiendo a la acusada. «Andrés tenía la cosa de que Jesús Mari iba a volver, pero yo tenía claro que no iba a aparecer»..
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Ana del Castillo
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