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A Felipe Rivas, que fue director entre 1997 y 2005, le sale decir Parayas. Es lógico. Él cuenta que, antes de que Michael O'Leary ... se asomase con una bandera de Cantabria por la ventana de la cabina de un avión, en 2004, hubo semanas de un intenso «trabajo de trastienda». Los técnicos de Ryanair –O'Leary es el 'jefazo'– peinaron el aeropuerto para repasar «servicios de la torre de control, procedimientos operativos de seguridad...». Casi como un examen. La llegada del 'low cost' (bajo coste) de la mano de la compañía irlandesa lo cambió todo. De aquel aeropuerto que en los ochenta ofrecía unos pocos vuelos a Madrid y Barcelona –muy pocos– y hasta alguna escala breve en viajes de Galicia a San Sebastián, a las 31 rutas de este verano, que incluyen destinos en dos continentes. De los emblemas únicos de Iberia o Aviaco en los aviones a las siete compañías actuales. De los poco más de 150.000 pasajeros de 1980 a un más que previsible récord por encima de 1.200.000 cuando acabe este año. El Seve fue en julio el aeropuerto número veinte de España por tránsito. Un salto. Pero el cambio radical, más que el del nombre (de Parayas a Seve Ballesteros), es el de haber conseguido que en las últimas décadas prácticamente todos los cántabros hayan pasado alguna vez por la terminal. Ese es el verdadero despegue.
El avión era para unos pocos. Para muy pocos en los dos hangares que se instalaron en el campo de aviación de La Albericia en 1912. O en la primera ruta con Madrid que inauguró Iberia en los cincuenta. Fue a más. Tanto que se hizo necesario buscar nuevos terrenos. Los encontraron en Parayas, en Camargo, y allí, en 1953, se inauguró el aeropuerto, con una pista de 1.150 metros de largo y setenta de ancho. Eran otros tiempos. Una mareona rompió los muros de contención al final de la década e inundó todo. Fue en los setenta cuando Parayas sufrió su primera gran transformación. Más pista, nuevo edificio y nueva torre de control. Con todo, aquellos vuelos escasos a Madrid o Barcelona quedaban restringidos a sectores muy concretos. Lejos del gran público. Para volar a otra parte, había que ir a Vizcaya. En general, poco y muy caro durante décadas.
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Pocos saben que uno de los aspectos fundamentales para que Ryanair aterrizara en Cantabria fue tener terminada unos años antes la autovía Santander-Bilbao. Lo cuenta Juan Mazarrasa, director de Parayas entre 2005 y 2010. Antes, como asesor en el Consejo de Dirección de Aena, dirigió un estudio sobre las posibilidades de que Ryanair y Easyjet actuaran en España. «Había dos aeropuertos ideales en el norte de España para el bajo coste. Uno era Santiago, en Galicia, y otro nosotros. Estábamos en el centro de la Cornisa y de ahí nadie nos puede mover. Y con la ventaja de que el aeropuerto está a diez minutos del centro», recuerda.
De la idea a los trámites. De las gestiones a los contratos. El año fue 2004. «El primer techo que se rompió fue el del medio millón de pasajeros. Ese mismo año. Y eso generó un despegue y un momento dulce que lleva años viviéndose», recuerda Rivas. El dato es cierto. Con solo unos meses de vuelos de la aerolínea irlandesa en Cantabria, los viajeros crecieron un 35%. De 253.756 en 2003 a 342.559. Y un año después, casi 650.000 (un 88% más). A él, como director, y a las autoridades regionales les tocó recibir a O'Leary en Parayas. Es una de las fotos de la historia del aeropuerto. Llamativo, histriónico... «En nuestro ámbito ya conocíamos su perfil, con un márketing muy sonoro».
Más allá de la anécdota, Rivas destaca también «el papel que jugó el Gobierno regional». «Se discutía si merecía la pena o no el gasto y se hizo una labor determinante. Desde ese arranque con ciertas dudas, todos los consejeros han seguido por esa línea. Se ha hecho una buena labor», resume.
La decisión sobre Ryanair, de hecho, está «entre los principales motivos de satisfacción» para el por entonces responsable del turismo cántabro. «Supuso una transformación fundamental. Un giro copernicano. Del pequeño aeropuerto con unos pocos vuelos a Madrid y Barcelona, sin coches de alquiler, sin un servicio estable de cafetería o unos aparcamientos en condiciones... Fue una apuesta decidida y valiente que supuso la socialización de los vuelos. Que prácticamente todo el mundo pudiera viajar fuera de España por motivos personales, laborales o de ocio. El aeropuerto nos hizo más internacionales, más europeos y más conectados», reflexiona ahora Javier López Marcano.
Las cifras siguieron creciendo. En el año 2007, 761.780 viajeros. En 2009, 958.157... «En muy poco espacio de tiempo, Ryanair se convirtió en la aerolínea más importante de España», apunta Mazarrasa. Bajo su etapa en la dirección volvió O'Leary a Cantabria (2007). Segunda visita. «Fue algo casi improvisado. Iba de Oporto a las Islas Británicas, se detuvo aquí y dimos una rueda de prensa los dos solos», recuerda. Fueron años en los que Ryanair operó también la ruta a Madrid «y las cifras fueron brutales», aunque el incremento de las tasas aeroportuarias en la capital apartara finalmente a la compañía de esa conexión (las cifras de Parayas se resintieron en su momento). En 2011, un hito: 1.116.398. La primera vez que se superaba el millón de usuarios.
En esa primera década del siglo resultaba evidente que Parayas se quedaba pequeño en el nuevo escenario. El crecimiento se comía el espacio en un aeropuerto antiguo. «Era absolutamente necesaria» la reforma, insiste Mazarrasa. «Se utilizó toda la planta baja para las entradas y salidas y con las obras en la pista se acortaron tiempos de aterrizaje. Fue muy útil. Teníamos espacio y aceleramos para que todo entrara en funcionamiento cuanto antes». Fue el gran cambio, con unas obras que sirvieron, tras dos años de trabajos, para casi reinaugurar el aeropuerto a finales de 2010.
En estos años, además de Iberia, Air Nostrum (también Spanair y Aviaco en su momento) y Ryanair, se incorporaron nuevas compañías. Volotea, Vueling, WizzAir, Binter Canarias... De los viajes a Madrid y Barcelona o los primeros vuelos internacionales a Londres, Roma o Fráncfort a una lista de destinos en la que han figurado Budapest (Hungría), Katowice (Polonia), Pisa (Italia) o Weeze (Alemania) por poner algunos ejemplos. También, claro, nacionales. Ya clásicos como Sevilla, Valencia, Málaga o las islas (Baleares o Canarias) y otros más curiosos en la península como Reus o Girona. Con el salto a otro continente gracias a la ruta con Marrakech (Marruecos) o los ajustes necesarios por el Brexit (una de las obras importantes de los últimos años tiene que ver con la adaptación de las infraestructura a la nueva realidad).
Ha pasado mucha gente y muchas cosas en las instalaciones del aeropuerto. Por quedarse con algunas, la foto que dio la vuelta al mundo de Tom Cruise despidiéndose sobre la misma pista y con la mano en el pecho de la que por entonces era su mujer, la también actriz Nicole Kidman, que pasó por Cantabria para grabar Los Otros (de Amenábar). O la explosión de un coche bomba que causó daños considerables (por suerte, sólo materiales). El aeropuerto había sido previamente desalojado después de una llamada telefónica de advertencia por parte de ETA.
Jefes de Estado, personalidades del espectáculo o de la cultura, estrellas del deporte, vehículos aéreos del ejército... Y muchos pasajeros. El millón de viajeros se volvió a superar en 2012 y luego, tras superar algunos años de ligero vaivén, en 2018 y 2019 (las cifras y la evolución están en el gráfico que acompaña este texto). En todo caso, la exigencia respecto a las cifras anuales y la atención mediática está ya instalada en la rutina. El crecimiento, el salto, también ha implicado foco sobre todo lo que ocurre en la terminal.
Ya sea un temporal que impide despegar un par de vuelos, una avería, una huelga que afecta a las compañías, un desvío, el anuncio de una nueva ruta (o la cancelación de otra) o cualquier obra en las instalaciones. Así, en estos años, cualquiera que haya leído El Diario Montañés con atención habrá aprendido qué es el VHF Omnidirectional Radio Range (Radiofaro Omnidireccional de Muy Alta Frecuencia) o el sistema ILS (Sistema de Aterrizaje Instrumental), objeto de inversiones en los últimos tiempos. También la guerra que dio el proyecto de «aproximación a la cabecera 29» que, en la práctica, supuso iluminar la ría junto a las instalaciones. O cómo se disparó el presupuesto de construcción de la nueva halconera.
«El primer techo que se rompió fue el del medio millón de pasajeros el año que entró Ryanair. Generó un despegue y un momento dulce que sigue viviéndose»
«Lo de Ryanair fue una apuesta decidida y valiente que supuso la socialización de los vuelos. El aeropuerto nos hizo más internacionales, más europeos y más conectados»
«Había dos aeropuertos ideales en el norte para el bajo coste. Uno era Santiago y otro nosotros. Estábamos en el centro de la Cornisa y de ahí nadie nos puede mover»
«La evolución durante estos últimos años ha sido realmente espectacular. De tener sobre todo aviones de entre cincuenta y cien plazas a pasar a los de más de 180 y hasta 239 asientos»
Un ejemplo de esta 'socialización' del aeropuerto, de que sus raíces se han extendido, fue el nacimiento de la Asociación Amigos de Parayas, que se presentó en sociedad en 2013. Con con «carácter constructivo» y la intención de «aportar ideas» para mejorar la instalación, tanto en infraestructuras como en servicios. «La evolución durante estos últimos años ha sido realmente espectacular. De tener mayoritariamente aviones de entre cincuenta y cien plazas a pasar a los de más de 180 y hasta 239 asientos. Y todo gracias a la apuesta firme y continúa de los diferentes Gobiernos de Cantabria. Yo creo que ahora llega el momento en el que también Aena se sume a esos esfuerzos y realice obras de calado necesarias», apunta su portavoz, Manuel Diego Muriedas.
«De acuerdo con el DORA (el Documento de Regulación Aeroportuaria), tiene una capacidad para 1.800.000 pasajeros. Es una capacidad teórica. En función de cómo actúen las compañías o programen sus vuelos, esa capacidad está más o menos ajustada. Pero haciendo el estudio teórico sale eso. No quita que haya que hacer algún retoque o adaptación», aseguraba hace unos meses Bienvenido Rico a este periódico. Lo decía justo antes de jubilarse, de dejar el cargo de director que ocupó durante algo más de trece años (su sustituto es Miguel Ángel Salgado, casi recién aterrizado).
En esta etapa, Rico ha vivido, entre otras cosas, el cambio de nombre. Otro hito. Del viejo Parayas a Seve Ballesteros, como homenaje –muy merecido– a la leyenda del golf (con una discutible decoración en una rotonda). La idea partió del militar Ricardo Noya, autor de la web 'Postureo cántabro', y llegó en 2014 al Parlamento. Aprobado, aunque el cambio de la cartelería se hiciera efectivo en 2015.
Queda en el repaso tal vez lo más insólito. El cierre. «Nadie esperaba algo así. En 38 años de vida aeroportuaria jamás imaginé que el aeropuerto pudiese estar cerrado y tanto tiempo. Hubo un día en 2015 que cayó un rayo en la torre y lo tuvimos inoperativo media hora. Para nosotros fue un mundo. Algo terrible. Y no afectó a ningún vuelo. Y eso se superó con creces. Nunca hubiese pensado que pudiese pasar y pasó», comentaba Rico recordando la pandemia.
Por suerte, pasado. La recuperación ha sido rápida. De la terminal vacía de 2020 al lleno de 2022. Del drama a un récord en 2023 que casi ya se toca. Del Parayas testimonial al aeropuerto número veinte de España.
Inauguración. Tras cerrar el aeródromo de La Albericia, se inaugura Parayas en 1953.
Primera ampliación. En los setenta, se aumenta la pista y se levanta un nuevo edificio y una nueva torre.
La llegada de Ryanair. En 2004, la llegada de la compañía supone la irrupción del modelo de bajo coste.
Remodelación completa. A finales de 2010 se 'reinaugura' el aeropuerto tras una obra que cambió su capacidad.
El techo del millón. En 2011 se supera por primera vez la barrera del millón de pasajeros por las terminales.
Cambio de nombre. El Parlamento lo aprueba en 2014: de Parayas a Seve Ballesteros.
El cierre. La pandemia dejó inactivo el aeropuerto en 2020. Una imagen insólita.
Récord, a tiro. Todo apunta a que este año se batirá el récord y se superará el 1.200.000.
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Ana del Castillo
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