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Jim Sheridan (Dublín, 1949), director de cine irlandés -entre sus películas destaca 'En el nombre del padre'-, es un hombre afable preocupado por el mundo ... del cine: «Está en su peor momento, nunca estuvo peor». Pese a todo, el sigue escribiendo guiones y busca financiación aunque opina que los grandes estudios han matado el cine, primero el europeo y después el independiente americano. «Debería haber un colapso del cine de efectos especiales», dice. Reconoce que los festivales son importantes para conseguir que la gente vuelva al cine y vea películas en pantalla grande en un momento en el que internet ha cambiado los hábitos de la sociedad. Sin embargo, dice que internet no es el único culpable, también menciona a los políticos y a una industria orientada a los dramas en televisión, que son más fáciles de ver . Su mejor regalo es recuperar el cine analógico porque piensa que «la grabación digital no es tan hipnótica. Volvería a los 24 fotogramas por segundo».
Sheridan siguió los pasos de su padre, que fundó una pequeña compañía de teatro, y a los 16 años comenzó a dirigir sus primeros proyectos. Preocupado por los anhelos y el alma de los irlandeses que siempre han tenido que luchar contra su dependencia del Reino Unido y su conflictiva historia nacional, Sheridan dirigió una trilogía que inició en 1993 con 'En el nombre del padre' cuyo argumento versa sobre el injusto juicio que tuvieron los cuatro de Guildfor que, después de ser acusados de colocar una bomba en Irlanda y permanecer por ello en la cárcel durante 16 años, fueron finalmente liberados y demostrada su inocencia. La segunda parte de la trilogía que tituló 'En el nombre del hijo' vuelve a plasmar el conflicto norirlandés, esta vez a través de unos presos del IRA que, enfrentados a la entonces primera ministra, Margaret Thatcher, deciden llevar una huelga de hambre hasta sus últimas consecuencias. La última parte de la trilogía la rodó en 1997 bajo el título de 'The boxer', una película que también protagoniza Daniel Day-Lewis y que narra la difícil historia de amor entre un boxeador, ex miembro del IRA, y su antigua novia ahora casada con otro miembro de la organización que está encarcelado.
El Centro Botín acogió el lunes -el Auditorio se desbordó de gente y muchos tuvieron que quedarse de pie- el estreno de su último cortometraje 'La hora 11', protagonizado por la actriz Salma Hayek, que narra la noche de los atentados del 11 de septiembre, dentro de un bar en el que se siente un ambiente de tensión y hostilidad hasta que un hecho inesperado cambia el curso del relato y nos invita a reflexionar sobre la idea de 'América' de Donald Trump y la gran incertidumbre que han ocasionado en la comunidad internacional sus diferentes propuestas, como la construcción de un muro que divida la frontera entre México y estados Unidos. «Es una locura levantar muros», dice.
Sheridan declaró que uno de los motivos para realizar este corto fue debido a la empatía que siente con los migrantes que viven en Estados Unidos: «La película intenta responder a la elección de Trump y el muro que intenta construir. Intento reflejar cómo conviven y cooperan las distintas étnicas en EE UU». Preguntado por la causa por la que ha elegido Santander para el estreno del cortometraje, explica que fue rodado gracias a la financiación que recibió del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, México. «El motivo es el vínculo entre ambos festivales», explica.
La financiación es su caballo de batalla. Sheridan tiene varios guiones escritos y está pendiente de conseguir financiación. Uno de ellos trata sobre la niñez y la vida familiar en Irlanda y otro se centra en una fuga de una cárcel irlandesa.
A su juicio, desde 1930 «no se ve cine independiente en la zona central de EE UU. No interesan las historias sobre familias irlandesas o italianas». Por eso cree que el cine está hoy en su peor momento. «Los grandes estudios han matado al cine, han monetizado el negocio», explica. Reflexiona sobre su trayectoria profesional y reconoce que trabajar con Daniel Day-Lewis fue su mejor momento porque «es un actor muy metódico». Su peor momento fue la película 'Detrás de las paredes', porque fue «difícil» trabajar con un gran estudio. Hoy habla de su última película, 'La carta secreta', con Vanessa Redgrave, «y no sé si la gente joven quiere ver una película de gente mayor. Me genera dudas».
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Ana del Castillo
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