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El de ayer no era un partido cualquiera y el cuerpo del aficionado racinguista lo sabía. Desde hacía días, además. Por eso, pese a ... las vacaciones de Semana Santa y al horario nocturno, la hinchada verdiblanca respondió. Sólo faltaba que, como reclamó La Gradona en la sesión de entrenamiento abierta del sábado en los Campos de Sport, los del césped respondiesen: «No te fallo, no me falles».
Fue una de esas jornadas que hacen honor al cántico 'soy verdiblanco, desde que me levanto'. Había nervios de partido importante. Por eso, lo negativo de la hora. Más tiempo de espera. Así que muchos aficionados alargaron la previa desde la sobremesa o, incluso, desde el blanco y las rabas. La Asociación de Peñas Racinguistas citó a sus miembros a eso de las cuatro de la tarde en su local de la esquina noroeste del estadio «para calentar gargantas para después darlo todo en el campo y llevar al equipo en volandas».
Pese a que el club apenas hizo campaña, la hinchada respondió. El Racing regaló algo más de 400 entradas a los menores de quince años que asistieron el sábado al entrenamiento en los Campos de Sport. Y con ellos, lógicamente, adquirieron sus entradas muchos familiares. Todos suman. Entre esos muchos pocos y la importancia de la cita, al final hubo ambiente en el estadio verdiblanco. Y eso, el equipo siempre lo agradece.
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Había ganas de partido, pero un día de sol en Cantabria no está para desperdiciarlo y la gente apuró hasta última hora para acceder a su asiento. Porque lo importante iba a llegar con el pitido inicial. A esa hora ya estaban casi todos en sus puestos. Listos para la batalla.
Hubo tiempo para la emoción y el recuerdo, en memoria de los fallecidos en el naufragio del Vilaboa I, por los que se guardó un minuto de silencio y para los que La Gradona dedicó el 'Santander, la marinera'.
La platea y los futbolistas estuvieron a la altura de lo que demandaba una cita clave. El equipo se dejó la vida en un choque tensísimo y la grada vibró hasta que pudo suspirar aliviada con los tres puntos en el bolsillo. Los goles, las faltas, las protestas... Todos a una para empujar al Racing hacia una permanencia más que necesaria.
Así, el racinguismo se marchó para casa, por fin, después de más de un mes de mosqueos, con una sonrisa. Hoy, los aficionados más implicados podrán estar pendientes de un vital Ponferradina-Leganés con menos agobio. Porque en El Sardinero, ya se han hecho los deberes. Y con nota. Siguiente parada: Zaragoza. Otra final. Quedan siete.
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