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Íñigo Vicente levanta los brazos en señal de victoria en El Sardinero. Daniel Pedriza
El mago de Derio ya está aquí

El mago de Derio ya está aquí

La actuación de Íñigo Vicente ante el Zaragoza, lejos de ser la mejor de la temporada se acercó a la versión que necesita el equipo y avivó al racinguismo

Marcos Menocal

Santander

Miércoles, 2 de abril 2025, 02:00

Dos meses sin dar un pase de gol es mucho tiempo. Por eso cuando el pasado sábado Íñigo Vicente puso la pelota en la cabeza de Pablo Rodríguez -luego el canario hizo lo demás- el vasco abrió los ojos mientras volaba la pelota y apretó el puño para celebrarlo al ver que su pase acababa en gol. Habían pasado 64 días desde que el de Derio firmó su última asistencia. Para un futbolista como él y con la importancia que tiene en el Racing, más de dos meses es demasiado tiempo. «No me fijo en los números y sí en el juego, pero lo necesitaba», declaró José Alberto. No hay más que hablar; Íñigo Vicente ya está aquí.

Su actuación ante el Zaragoza no fue la mejor de la temporada, pero eran tantas las ganas que tenía de quitarse el corsé que fue celebrada como una liberación. El público le aplaudió al ser sustituido y el futbolista le devolvió el afecto. Reconciliación. El vasco, además de ese pase a Rodríguez selló un 86% de precisión en los envíos y recuperó diez balones. Fue decisivo en los dos goles, aunque en el segundo más que él lo fue Jair, el central del conjunto maño que envolvió el regalo que le había tirado Vicente a Andrés Martín. La intervención de Jair le chafó la segunda asistencia al de Derio. Pero en cualquier caso, Vicente participó, filtró entre líneas y presionó más que otras veces. Su fútbol fue distinto y el equipo lo agradeció. «En este momento es importante la mejor versión de todos, pero obviamente en la faceta ofensiva y para contagiar al resto es una gran noticia que estén Íñigo y Andrés como están», asegura Jesús Merino, excapitán del Racing. «Vicente es una referencia que solo la tiene él», añade.

El peso de Vicente en este equipo es de sobra conocido. Si no lo fuera así, el club no lo habría renovado dos veces y, si se apura, habría puesto sobre sus hombros parte del proyecto a medio-largo plazo. El '10' a la espalda es un signo, aunque cada vez menos, como señala Merino: «Ha habido grandes futbolistas con ese número que imponían jerarquía; también en el Racing, pero hemos visto a la selección española que ha demostrado que es más importante un bloque que un futbolista».

Vicente empezó la temporada a un ritmo inferior al esperado. De hecho, una lesión en verano, que arrastraba del curso pasado, le acarreó problemas. Sin embargo, casi sin estar del todo, el de Derio fue nombrado mejor futbolista de la categoría en el mes de octubre. No estaba, pero con poco tocaba la guitarra en el rocanrol que sonaba. Hasta Navidad firmó siete asistencias y apareció en una lista en la que le colocaban como el tercer futbolista de las principales ligas mundiales con mayor número de pases decisivos. «Es un jugador diferencial y claro que es necesario que esté bien para que el Racing juegue como lo ha hecho al principio. Para eso es necesario que se sienta fuerte mentalmente», añadía Paco Liaño, otro de los exracinguistas ilustres, que conoce perfectamente lo que significa tener un futbolista referencia en su equipo.

Compartió vestuario con Quique Setién en el Racing y con campeones del mundo como Bebeto o Mauro Silva en el 'Superdépor'. «Físicamente se pasa por momentos a lo largo de la temporada, pero el talento siempre está ahí. Vicente lo tiene y lo que se necesita es que aparezca en lo que queda de Liga».

Íñigo Vicente en una jugada ante el Burgos Alberto Aja

Y sí, como dice el que defendiera la portería del Racing en los años ochenta, cada jugador pasa por muchos momentos en una Liga. Vicente desapareció después de la Navidad. Sufrió, como su equipo, en aquella época en la que las victorias no llegaban -siete partidos sin ganar- y debido a su peso específico, un poco más. Una sanción suya coincidió con el 6 a 0 ante el Racing de Ferrol y la ausencia del vasco acabó en victoria racinguista.

El fútbol está plagado de puntos de vista. Para muchos, Vicente es indiscutible y para otros, coincidiendo con su tramo gris, al de Derio le venía bien un descanso. Desde que llegase, hace ya más de dos años y medio, por primera vez se escuchó el debate en la calle sobre si una posible suplencia podría venirle bien. «Eso es algo que siempre ocurre. Hay futbolistas que tienen una gran importancia y son el blanco de miradas», admite Juan Ventayol, exentrenador del Racing B y Gimnástica. El técnico de Cayón da una explicación en conjunto. Para que se dé la mejor versión de Vicente, asegura Ventayol, «es necesario que el equipo vuelva a jugar con esa verticalidad con la que jugaba, en ese tipo de juego claro que Vicente se convierte en indispensable». Por tanto, desde un prisma global, el posible bajón del futbolista pudo deberse a que el colectivo ya no tocaba como al principio. Son cosas del fútbol.

Ahora bien, después de esa travesía en el desierto del jugador y del equipo, donde dos derrotas propiciaron perder parte de la confianza que se tenía en ambos, un buen resultado y una brillante actuación concede una inyección de moral de valor incalculable. Y eso, salvando las distancias, es lo que ocurre desde el sábado. La aparición en escena de Vicente, contribuyendo activamente a la victoria ante el Zaragoza, y la solvencia del grupo permiten que esta semana que va hasta que se juegue en el Ciutat de València ante el Levante, parezca otra y casi actúe como un amnésico que haga olvidar los días feos.

No obstante, volviendo a la importancia que tiene un futbolista como el vasco, Ventayol añade una reflexión. «Tener en un equipo a un jugador que cuando están las cosas mal, o cuando están bien, no importa, siempre se ofrece a sus compañeros, siempre está dispuesto a dar una solución, es algo impagable en un equipo de fútbol».

Quién no recuerda a Vicente durante los partidos hacer un aclarado, desmarcarse y pedir insistentemente la pelota. Su necesidad de aparecer, su tendencia a ser protagonista -en el buen sentido de la palabra- es algo con lo que sus compañeros cuentan y que, esto es impepinable, ha faltado durante muchas jornadas. Lo ocurrido ante el Zaragoza no es más que un síntoma positivo de que el equipo necesita a este futbolista y Vicente no se esconde. Una bendición con lo que queda por venir.

Y todo lo hablado se corresponde a la presencia de este tipo de futbolistas en el campo. Es el escenario donde tiene que rendir y donde se le va a medir. Sin embargo, este tipo de figuras cuyo peso en un grupo va más allá de lo que puedan suponer los noventa minutos de cada semana son si cabe más importantes. Ser un líder en el campo y ser un líder en el vestuario cuando llega el momento de no fallar.

Pedro Alba, legendario capitán del Racing en los años ochenta, admite esa dicotomía, pero no siempre. «Siempre me ha parecido muy importante tener ese tipo de líderes, pero hay ocasiones que no coincide; el líder del campo puede o no serlo en el vestuario». Alba además es un amante del bloque, del grupo y del colectivo. Bien es cierto que sus mejores años los hizo en el Racing donde despuntaban grandes jugadores y siempre tuvo referentes, pero se acostumbró a que la fuerza realmente, como la del lobo, resida en la manada. «Con excepciones como Pelé, Maradona o Messi, en rarísimas ocasiones un futbolista es más importante que el equipo. Claro que será vital que Vicente llegue a estos partidos en el mejor momento, pero si no lo hace será el equipo...», explica el mítico portero, que arruga el morro en señal de que «el éxito del Racing hasta ahora ha sido que ha jugado un fútbol muy brillante y efectivo y todos han colaborado. Se necesita que sigan así y entonces es cuando todos serán importantes».

Ventayol, por su parte, no duda de lo bien que le viene al Racing la figura de Vicente, no solo en lo que hace con los pies. «No hay duda de que ese carácter; lo que transmite y cómo lo hace es vital. Ese futbolista al que respetan todos los estamentos porque se lo ha ganado, porque tiene una personalidad especial... En una fase de competición como la que le queda al Racing es también vital».

El Racing de este año, al igual que el del curso pasado, descansa en un espíritu de colaboración pleno. «Si no juegan unos, jugarán otros, aquí no importa quién lo haga», repite José Alberto una y otra vez. A nadie se le escapa que es un pensamiento que está muy extendido en el fútbol y, casi sin darse cuenta, es como un mantra. Ahora bien, cualquier técnico sabe que hay jugadores y... jugadores. Vicente en este equipo es uno de ellos. Ha disputado cuarenta partidos en su primera temporada y otros cuarenta en la segunda como racinguista. Ni Jokin Ezkieta ha participado más que él.

Alguien que aparece siempre en la lista arroja poco debate, aunque no esté exento de la crítica, precisamente, por su importancia. Sus números actuales son tan buenos como lo fueron los de los últimos cursos; promedia 72 pases precisos cada partido y tiene un 73% de efectividad. No es lo mismo poner en valor este dato en un futbolista con un rol defensivo y con escasa participación que en un jugador por cuyos pies pasa buena parte del fútbol colectivo. Ha marcado tres goles hasta la fecha, los mismos que el último precedente, pero aún lejos de los siete con los que se estrenó como racinguista, su mejor registro como profesional. No es el gol su mejor virtud, precisamente, pero aún le quedan nueve partidos para aportar.

Líder en el campo y en el vestuario, lo cierto es que Vicente parece que se entona. Afortunadamente en este Racing puede compartir esa bandera con otros futbolistas llamados a marcar la diferencia. Esa circunstancia descarga presión. «Qué mejor que tener jugadores así», advierte Ventayol. «En este Racing han coincidido varios futbolistas que están pasando por un momento espectacular y se pueden retroalimentar y repartirse el trabajo. Eso es algo que hay que aprovechar, porque los éxitos dependen muchas veces de esas coincidencias», concluye el técnico de Cayón.

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