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Guille Romo se traiciona a sí mismo y gana. El contenido de esta frase, pronunciado tras el triunfo del Racing en Gijón, no es ... la primera vez que refleja lo sucedido, ya se dio el curso pasado más de una vez. En ocasiones hay que ir a contracorriente para surcar el río. Los salmones nadan cuesta arriba buscando el lugar donde fueron felices y nacieron. Por cosas como esas, la sintonía de Romo cambió el pasado domingo y la orquesta afinó como nunca. Juergen al centro del campo, Jorge Pombo a la mediapunta y Mboula y Gassama para rematar un potencial ofensivo muy novedoso hasta entonces. Y todo el engranaje encajó perfectamente en El Molinón. Juergen aportó a la línea de creación lo que no tenía y la aparición de Pombo fue fundamental, dotando al equipo de esa pausa, de esos tiempos tan necesarios con la pelota que permiten al equipo construir.
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El Racing se enfrentó al Sporting con la vitola de equipo desesperado y empezando a deshauciarse -en la quinta jornada, sí, cosas del fútbol moderno- y sin embargo salió de Gijón con un impulso que hacía tiempo no se recordaba. Y todo, probablemente, porque el entrenador dio un cambio de timón y decidió dar un paso adelante colocando más creatividad y fútbol que músculo; mirando la portería rival con más decisión que la propia. Tras la victoria, Romo dejó claro que aquella modificación tan sustancial no se debía a una promesa divina sino que fue algo premeditado y que no llegó antes porque «no se había podido contar con los jugadores para hacer la alineación».
El técnico insistió en que el cambio de rumbo en la 'romoneta' se dio porque pudo contar con Pombo, que hasta el domingo no lo tuvo metido en dinámica; pudo disponer de Gassama con una semana de trabajo colectivo y no después de aparecer por La Albericia como si de un paracaidista se tratase, y pudo, finalmente, colocar a Juergen en su sitio natural, el centro del campo, una vez que la llegada de Pombo permitió contar con un futbolista especial para esa demarcación de la mediapunta. En resumidas cuentas, que se traicionó a sí mismo, y se dio la razón. Ya lo adelantó la víspera del partido en El Molinón: «Estamos construyendo, pero llevamos cuatro partidos de retraso». El míster señaló que la imposibilidad de contar con los jugadores que esperaba en el mercado hasta ya entrada la Liga ha retardado la puesta a punto del equipo que busca. Esta teoría atenúa el mal inicio liguero, con cuatro derrotas consecutivas y sin marcar un gol que hizo saltar las alarmas. Ahora falta por conocer si Romo persistirá en la idea o después de haber salvado un momento muy incierto regresará a lo anterior.
Lo cierto es que el planteamiento del entrenador en Gijón, más que cambiar la 'romoneta' por completo lo que hizo fue tunearla, ya que si bien dio mucha más imaginación y creatividad al ataque, se parapetó en defensa tras un muro de cuatro centrales con las ideas muy claras. Por convicción y no por obligación -lesiones o sanciones- apostó por Eneko Satrústegui -algo habitual- en el lateral zurdo, y por un debutante Álvaro Mantilla en el lateral derecho, que salía de una larga recuperación y a quien le dio toda la confianza. La decisión confirmó esa esencia de la libreta del míster, que le dio el protagonismo a los dos centrales reconvertidos y con clara tendencia defensiva por delante de los dos laterales fichados para este curso, Saúl y Dani Fernández, que tuvieron que esperar para otra oportunidad. Acertó. Esta fórmula la descubrió por exigencias del guión la temporada pasada, cuando en el carril del zurdo se quedó sin efectivos y se tuvo que 'inventar' a Satrústegui y en el diestro utilizó la versatilidad y compromiso de Mantilla, que se convirtió en el comodín.
Lo de Gijón puede tomarse como el principio de una metamorfosis de la pizarra del cuerpo técnico, que si bien estará sujeta a matices en función del rival, el escenario y las prisas no es menos cierto que la apuesta salió a la perfección. Romo descubrió que Juergen le hace jugar al equipo cuando ve el fútbol de cara y no de espaldas como acostumbra un mediapunta. Y del mismo modo apuntó que tiene a ese futbolista con la llegada de Pombo -permítase la comparación- que perdió con la marcha de Pablo Torre. El maño busca la regularidad que siempre se le ha achacado pese a que nadie negó nunca su talento. Con Pombo parece que el Racing ha encontrado a un jugador que no se amilane y pida la pelota cuando nadie la quiere o cuando más falta hace. Gassama definió en su gol como lo hace un delantero de los de siempre. Todo eso no se había visto hasta el domingo y ahora, al menos, se ha comprobado que lo hay en la plantilla.
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