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El presidente francés, Emmanuel Macron, ha recuperado su propuesta de desplegar un 'paraguas nuclear' en la Unión Europea aprovechando el arsenal atómico de su país ... con el fin de disuadir a Rusia de posibles ataques en el futuro. El mandatario podría comprometerse a enviar a la frontera de Alemania sus modernos cazas polivalentes Rafale, portadores de misiles ASMP-A, de fabricación gala, específicos para incorporar cargas nucleares, a modo de advertencia.
La operación vuelve a estar sobre la mesa después de que el año pasado Macron sorprendiera al mundo al apostar por la «disuasión nuclear» frente a Moscú. Apenas nadie le tomó en serio. La opositora Marine Le Pen consideró «una locura» poner el letal arsenal francés a disposición de otros países. El mandatario aseguró que nunca suministraría los códigos de activación a terceros gobiernos. La finalidad, dijo, consistía en fortalecer la Defensa de Europa. Pero nadie estaba dispuesto a amenazar a Rusia con algo así. Malos tiempos para la lírica militar. Los aliados se afanaban más en esquivar la instrucción de aumentar el gasto del PIB en la OTAN.
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Manfred Weber, líder del Partido Popular Europeo, instó en cambio a Macron a profundizar en el debate al entender que la paz en la UE depende que que sea «militarmente tan fuerte que nadie quiera competir con nosotros». La postura desafecta del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia Bruselas le ha dado ahora al líder francés la ocasión de retomar ese discurso.
Y Macron ha comenzado a vehicularlo después de las elecciones alemanas dentro de su objetivo de relanzar el famoso eje de liderazgo franco-germano en Europa. Antes de su reunión del lunes con Trump en la Casa Blanca, el jefe del Estado galo conversó por teléfono sobre el 'paraguas nuclear' con el que en breve será canciller alemán, Friedrich Merz.
El político conservador ya había aventurado que quizá es el momento de que Francia y el Reino Unido -las dos potencias atómicas a este lado del mapa- pudieran «ampliar su protección nuclear» a Alemania, dada la aparente «indiferencia» del presidente estadounidense hacia la UE, a la que amenaza con aranceles y ha dejado fuera de las conversaciones con Rusia sobre Ucrania.
Macron y Merz tenían previsto cenar anoche en El Elíseo. La agenda parisina contemplaba buscar puntos de acuerdo para reforzar la seguridad del bloque. Es casi seguro que en esa conversación analizaron la disuasión a mayores frente a Rusia. Los dos mandatarios coinciden en el fin, aunque cada uno con miradas diferentes. Merz opina que Bruselas debe impulsar su «independencia» de Washington, visto el trato dispensado por Trump hasta ahora. Mientras, Macron le vendió al inquilino del Despacho Oval que su proyecto fortalecería la capacidad de persuasión militar de la Unión Europea, tal y como el republicano quiere, y reducirá las obligaciones del país de las barras y estrellas.
El Pentágono tiene actualmente unos 159 misiles nucleares repartidos en bases de Alemania, Italia, Bélgica, Turquía y Países Bajos. Mantener ese asenal supone a Washington un alto presupuesto. Y en esta década debe reemplazar, desactivar e inutilizar un buen número de artefactos por su antigüedad.
Al 'paraguas nuclear' se le conoce como disuasión extendida. Surge de la decisión de una potencia atómica de compartir la protección que le otorga su arsenal con otros países, sea por razones políticas, convenios transnacionales o por la necesidad simplemente de extender el círculo propio de autodefensa más allá de las fronteras. Rusia acoge bajo su paraguas a Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Armenia, Cuida de estas repúblicas y, al mismo tiempo, aumenta el radio de acción de su disuasión nuclear. Estados Unidos hace lo propio en la OTAN, aunque el miedo entre los aliados radica en si el presidente republicano intenta alejarse de este compromiso.
Hay diferencias entre el paraguas y un escudo antimisiles en enfoque y proporciones. El primero es disuasorio, deja sentir que es un peligro; el segundo resulta defensivo. Las dos grandes superpotencias y China son propietarios de los principales escudos. George W. Bush implementó el programa de EE UU en 2000, Rusia utiliza el A-135 actualizado en 1995, y el gigante asiático sigue desarrollando nuevas formulaciones, entre ellas la posibilidad de detener misiles hipersónicos con ayuda de la IA.
Todos ellos están diseñados para interceptar los cohetes enemigos en caso de un ataque aéreo. El 'Escudo de hierro' israelí es también un viejo conocido en el mundo de los conflictos bélicos, pero en su caso responde a amenazas con armas convencionales no nucleares, históricamente el fuego disparado por las milicias proiraníes desde Líbano o Siria.
Francia dispone de unas 300 ojivas y fabrica sus propios ASMP-A, que pueden volar hasta 500 kilómetros con una carga de 300 kilotones. Además del Rafale, cuenta con aviones Mirage 2000N -diseñados para la guerra atómica- y cuatro submarinos de la clase Tromphant aún jóvenes, con una vida útil programada hasta 2035. Todos ellos componen la denominada 'Force de Frappe', la fuerza aeronaval gala de disuasión nuclear, la cuarta en importancia del mundo tras EE UU (5.200 ojivas), Rusia (5.880) y China (410).
Macron y Merz quieren implicar en este esfuerzo de seguridad europea al Reino Unido, aunque no pertenezca a la UE desde hace un lustro. Londres ya aporta su arsenal nuclear a la OTAN -cosa que no hace Francia, que es autónoma- y consta de 160 ojivas activas. La joya de la Corona son los cuatro submarinos de la clase Vanguard estacionados en la costa escocesa, provistos de los misiles Trident, también el símbolo del poder atómico británico. El año pasado, significatvamente, el Gobierno ensayó un nuevo modelo de este proyectil después de diez años sin realizar prueba alguna.
«El despliegue de unos cuantos aviones de combate nucleares franceses en Alemania no debería ser difícil y enviaría un mensaje contundente» al Kremlin, han señalado fuentes francesas a 'The Telegraph'. Macron parece decidido al liderazgo en la defensa occidental del continente, aunque hoy el primer ministro británico, Keir Starmer, visita a Trump para explicarle el interés de desplegar una misión internacional de paz en Ucrania. A Francia le cortejan países como Suecia y Noruega, favorables a que los Rafale se dejen ver por sus fronteras.
En clave interna, el presidente se enfrenta a una fuerte oposición política para poner su arsenal en manos de la UE. Un hecho así rompe con la doctrina de París respecto a su armamento nuclear y que establece que solo debe activarse como «respuesta» a una agresión contra intereses vitales franceses.
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Ana del Castillo
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