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Lo que José María Ballester ha aportado al conocimiento, preservación y aprovechamiento del patrimonio de Europa y de España casi no tiene comparación, y desde ... Cantabria no podemos sino estar agradecidos y orgullosos de que una muy buena parte de su labor la haya realizado aquí, potenciando el desarrollo rural desde el programa 'Patrimonio y Territorio' de la Fundación Botín, que él mismo ideó y que aplicó primero en el Valle del Nansa y Peñarrubia, y en los últimos años, en colaboración con el Gobierno regional, en Valderredible.
Desde su puesto de director de Cultura y Patrimonio Cultural y Natural del Consejo de Europa, José María Ballester fue, por ejemplo, el artífice de la creación de los itinerarios culturales europeos, el primero de los cuales fue nada más y nada menos que el Camino de Santiago, proclamado en 1987; desde esa misma posición lideró el proceso que terminó con la firma del Convenio Europeo del Paisaje, rubricado en Florencia en el año 2000, y jugó un papel esencial en la conservación del patrimonio de los países de los Balcanes.
Pero a pesar de estos logros, y otros muchos, no es una exageración afirmar que fue aquí, en nuestros valles, donde su revolucionaria manera de entender el patrimonio adquirió su máxima expresión; porque fue en el Nansa donde tomó forma definitiva y se hizo realidad esa forma radicalmente integral de concebirlo, según la cual el patrimonio no es sólo el patrimonio cultural sino también el humano, el paisajístico, el hídrico, el industrial, el histórico… Y no sólo de concebirlo, sino también de mirarlo, de mirarlo como un medio para la generación de desarrollo, y, de nuevo, de desarrollo integral: económico, social y, en definitiva, humano.
Esa concepción y esa mirada integrales son las que puso también al servicio de otra de sus pasiones, Altamira, cuando fue nombrado coordinador del Plan de Conservación Preventiva de la cueva, y son las que le ayudaron a buscar el dificilísimo equilibrio entre la conservación y el disfrute del que sin duda es el principal valor cultural e histórico de nuestra región, y uno de los más importantes del mundo.
Pero lo más bonito es que, aunque su labor seguirá dando frutos durante muchísimos años, porque ya nadie podrá concebir ni mirar el patrimonio de otro modo, los que tuvimos la suerte de trabajar con José María no le recordaremos por eso; los conservadores de Altamira, los ganaderos y los emprendedores del Nansa, los alcaldes, los equipos de las consejerías, los presidentes autonómicos, todas las personas que trabajaron con él y, por supuesto, todos los que formamos la Fundación Botín, le recordaremos por su curiosidad intelectual, por su cercanía, por su sonrisa, por su amabilidad contagiosa, por su tesón infinito, por su capacidad para unir voluntades, y por su, en definitiva, verdadero humanismo. Eso, que es lo más importante, es lo que siempre quedará en nuestra memoria y en nuestros corazones.
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