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Han quemado la Hoz de Santa Lucía y miles de palos desnudos sobre suelo negro chamuscado dan hoy la bienvenida al valle de Cabuérniga. El ... fuego, que comenzó el lunes sobre las siete de la tarde, se ha 'comido' unas 25 hectáreas –el bosque tiene cincuenta– de la parte del monte que pertenece a Cabezón de la Sal, en la margen derecha del río Saja. Se trata de los robles, abedules y fresnos que se replantaron hace más de tres décadas, después de que otro incendio se llevara por delante un pinar que en los sesenta había plantado el Instituto Nacional para la Conservación de la Naturaleza (Icona), organismo competente entonces. En veinte años, la masa arbórea había brotado tanto que una alfombra verde cubría la ladera y aparte de su gran valor paisajístico y monumental, la vegetación servía también para proteger la montaña de la erosión. Así que a la pérdida física y emocional, se suma ahora el peligro de que la tierra quemada y los restos del incendio vayan a para al río si llueve.
Ayer, los operarios de la Dirección General de Biodiversidad no podían apartar la mirada del bosque, por si se reproducía algún foco. También porque se había quemado un poco su casa. La zona, de gran pendiente, ofrecía una imagen desoladora. En pocas horas había desaparecido la masa forestal que daba la bienvenida al valle de Cabuérniga. Fue un visto y no visto. La voz de alarma saltó a las siete de la tarde del lunes. Algunos conductores que pasaban por la carretera hacia Ruente habían visto salir un par de mechas de la parte baja de la montaña. Pronto intervino la cuadrilla de montes. Los operarios estuvieron trabajando hasta que cayó la noche, con la ayuda del helicóptero Maya Dama del Gobierno de Cantabria. Retomaron la labor a las siete de la mañana.Al mediodía de ayer estaba controlado, pero seguían vigilantes.
¿Y ahora? pues habrá que esperar a que la naturaleza hable, porque repoblar de nuevo la zona supone un coste inasumible (plantar una hectárea en una superficie llana cuesta 3.500 euros y se calcula que en un terreno en pendiente cueste tres o cuatro veces más, así que hagan números). «Y además, para que lo vuelvan a quemar dentro de veinte años...», opina el presidente de la Junta Vecinal Carrejo-Santibáñez (propietaria del monte), Manuel González. El político da cuenta del trabajo que conllevó la reforestación «y de lo bonita que estaba la zona» y alude a «una mano negra, porque el monte no arde solo». Algunos vecinos de la zona lo atribuyen a una venganza por el tema del lobo. «La gente se cree impune y legitimada para realizar atentados de este calibre porque se piensa que así perjudica al lobo, pero se cargan el monte, que es de todos», opinaba ayer un paseante que prefería no dar su nombre. Y es que «los ánimos están muy encendidos y las administraciones deberían apaciguar».
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