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La ola de robos en el interior de viviendas unifamiliares que se viene produciendo desde hace algo más de un mes en la zona norte ... de Santander –en Cueto y Monte, concretamente– impactó el viernes de lleno contra el barrio de Corbanera y algunas de sus calles aledañas, donde los ladrones, que todavía no habrían sido identificados, asaltaron al menos cinco inmuebles en ausencia de sus dueños. No de todas se llevaron un botín, aunque eso es casi lo de menos. «Lo peor es la sensación de vulnerabilidad que te producen estos hechos», dicen los vecinos, «y la alarma social que están generando en el barrio».
Según ha podido saber este periódico, esta nueva tanda de asaltos, que empezaron a perpetrarse a finales del mes de octubre en la vecina localidad de Cueto, que ahora se centran en Monte y que podrían elevarse ya por encima de la treintena, se produjeron entre las seis y las ocho de la tarde del viernes.
A esa hora, aproximadamente, comenzó a sonar la alarma de una de las viviendas asaltadas –el número 83 de la calle Corbanera–, a la que los ladrones accedieron por un balcón trasero y de la que se llevaron un cofre sin hacer demasiado estropicio. «Se han llevado todas mis joyas y las de mi madre, ya fallecida», dice la propietaria del inmueble, que durante el visionado de las imágenes grabadas y extraídas de la cámara de vigilancia identifica dentro de la vivienda a una sola persona.
Es fácil deducir que la activación de la alarma de la vivienda provocara la huida de los ladrones de la casa y de la barriada, y que, por lo tanto, ese fue el último de los cinco robos que se perpetraron en la zona durante esas dos horas.
Antes de eso, los asaltantes –la Policía cree que el autor material no actúa solo sino en compañía de al menos otra persona– entraron al inmueble contiguo, el número 81 de la misma calle, en el que se colaron por una ventana que estaba semiabierta y del que no se llevaron nada «porque no había nada que llevarse», según explica la dueña. «Es un alojamiento turístico y en esta época del año está vacío». Dispone de diverso mobiliario que está cubierto con sábanas, pero no guarda ni dinero ni joyas, que es lo que los ladrones buscan expresamente.
Que durante la inspección ocular realizada dentro de esta casa –donde los cacos rompieron la puerta que conecta al garaje– se encontraran muy pocas huellas de pisadas refuerza la tesis de que a las viviendas accedería solo una persona.
Que seguramente sería la misma que entró en el número 85, de la que los delincuentes sí habrían logrado llevarse dinero. El propietario no estaba en casa, pero sus vecinos de enfrente sí. En el salón, viendo la televisión. Y todavía ayer se preguntaban «cómo es posible que hayan entrado estando nosotros aquí». A pesar de que, en este caso sí, los ladrones pusieron la vivienda patas arriba provocando serios desperfectos en el inmueble, «nosotros no escuchamos absolutamente nada».
En esas dos horas, además, los autores de esta cadena de robos tuvieron tiempo de entrar en dos viviendas más de esta barriada, el número 162 A y otro cercano, al que los ladrones accedieron mientras dormía su propietaria, una mujer de edad ya avanzada, y del que se habrían ido sin llevarse nada seguramente al percatarse de la presencia en casa de la anciana.
De la otra, el 162 A, tampoco pudieron llevarse nada porque los propietarios todavía no viven allí –«aún la estamos amueblando y ultimando detalles»– y no guardaban ni dinero ni joyas. En su caso, los ladrones accedieron «a través de la ventana de la habitación que va a ser del niño», algo que al matrimonio preocupa muy especialmente. Saber que su vivienda ha sido violentada, aunque no hayan conseguido sustraer ningún objeto de valor, «intranquiliza».
No solo les intranquiliza a ellos. También al conjunto de los vecinos de Monte, donde ayer no había más tema de conversación que la proliferación de robos que se están produciendo en la zona, que son motivo de alarma social porque la mayoría teme que el siguiente asalto se haga en la suya, y razón por la que la Policía Nacional está acelerando el curso de su investigación en una carrera contra reloj por dar con los autores cuanto antes.
«Porque lo peor no es que entren a robar y lo que se puedan llevar, sino la sensación de vulnerabilidad que esto te genera y el miedo que te produce estar dentro de tu propia casa», insisten los afectados.
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