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FRANCISCO APAOLAZA
Lunes, 18 de enero 2016, 13:58
En el Congreso se han visto muchas cosas, pero nunca un tipo con rastas. Por eso quizás, pasó delante de Mariano Rajoy, serio, duro y exótico como un marinero de El holandés errante y el presidente salió en la foto con cara de ver un ... extraterrestre. Alberto Rodríguez fue, junto al bebé de Carolina Bescansa, el hombre del día. Celia Villalobos, que a veces tiene una manera muy peculiar de ser oportuna, dijo que a ella no le importaba que un diputado apareciera con rastas siempre que no le «pegara los piojos», y piojos y Alberto fueron trending tiopic en Twitter. La fama recorre extraños caminos y a Alberto Rodríguez (33 años, Santa Cruz de Tenerife) le llegó el día en que pisó el Congreso con su pelo de Jack Sparrow, pero esa historia política suya comenzó a fraguarse hace mucho, casi como una enfermedad no curada, como un duelo pendiente. Esta es su historia.
Alberto Ramírez se crió en Ofra, un barrio obrero de Santa Cruz de Tenerife. Hijo de un electricista y una maestra, compartió casa con su abuelo carpintero que murió de una bronquitis y su abuela costurera. Ahí se desencadena una escena que él mismo cuenta y que da medida del origen del asunto. Rodríguez recordó en un acto electoral polémico en un campus canario que su abuela Concha tenía los dedos reventados por la artrosis y que era «costurera sin contrato» para las familias ricas de La Laguna para las que cosía «esos trajes buenos que llevaban a las fiestas o a darse paseos los domingos».
perfil
Alberto Rodríguez nace hace 33 años en Santa Cruz de Tenerife, hijo de una maestra y un electricista. Compartía su casa con su abuelo, que murió de bronquitis, y su abuela. Su abuela era costurera «para las familias ricas de Canarias». Asegura que le pagaban a veces tirando el dinero al suelo para burlarse de ella y apunta a la familia Oramas, a la que perfenece Ana María Oramas, diputada de Coalición Canaria.
Trabajaba en la refinería Tenerife de Cepsa en la que ha sido delegado sindical por CC.OO. Lo detuvieron varias veces. En 2011 por agredir a la Policía.
«Pasaban las horas cosiendo sin contrato, con lo que se quedaban sin una pensión contributiva. A veces, cuando iban a cobrar, les tiraban el dinero, con lo que tenían que agacharse y las hijas y las nietas de esas familias se burlaban de ellos. Ironías del destino, ¿saben cuál era el apellido de la familia que le hacía eso a mi abuela?» Y el público gritó «¡Los Oramas!» y atronaban los aplausos. Oramas es el apellido de Ana María Oramas, exalcaldesa de San Cristóbal de la Laguna y diputada por Coalición Canaria con la que se cruzó el miércoles en el Hemiciclo. «Entro en el congreso para que en mi país nadie tenga que pasar por lo que pasó mi abuela Concha, que en paz descanse». Se supone que saltaron chispas. Y así es como «un pibe de barrio» entra en la «sarosanta institución», según sus palabras. Prometió acatar la Constitución y cambiarla «Para que nunca nadie en Canarias pase más hambre». Lo dijo señalando con el dedo desde la penúltima fila de la sonada sesión plenaria a la que asistió vestido con un jersey gris.
Toda la trayectoria de Rodríguez guarda bastante continuidad biográfica con la narrativa de la abuela recogiendo el dinero del suelo y la lucha de clases. Rodríguez estudió FP y trabajaba hasta ahora como operario en la refinería de Cepsa pese a que su partido propone acabar con la dependencia de las islas de la industria del combustible. Ha formado parte del comité de empresa de Cepsa y es técnico superior en Química ambiental. Su partido ha cargado contra la dependencia de las islas de la industria de los combustibles fósiles y él, contra la industria hotelera en la que, mientras se baten los récords de turistas, «una camarera de piso cualquiera se parte el lomo en un hotel cualquiera, durante 10 horas al día por 700 euros; si tiene suerte, el contrato le durará tres o cuatro meses».
El diputado detenido
Desde la adolescencia, participó en movimientos de protesta, estudiantiles y después en el 15-M en lo que él mismo califica como una «lucha contra la injusticia». Ese camino fue, a veces, espinoso y, al menos para el estado de derecho, fue demasiado lejos varias veces en las que finalmente terminó detenido. En el aniversario del 15-M, entró en el calabozo por agredir a la Policía. En otra ocasión, el comité de empresa de Comisiones Obreras denunció que el agredido era él y colgó en la red una fotografía de Rodríguez en el hospital en una silla de ruedas con una pierna vendada y sujetándose el costado después de, según ellos, haber recibido algunos golpes de las Fuerzas de Seguridad. Él aseguraba que estaba defendiendo a su hermano de un abuso policial a causa del que, según su versión, perdió parte de la visión de un ojo. Podemos no ha tenido suerte con los antecedentes policiales de sus representantes canarios, pues en 2008, el senador José Ramón Galindo fue detenido en posesión de cocaína y hachís, aunque el juez archivara la causa y no fuera juzgado.
AlbertoRodríguez, que tiene fama de ser el más radical de los 69 diputados de Podemos, decía esto un par de días antes de la sesión de la polémica: «No me avergüenzo de haber luchado, de haber defendido los derechos de todos y todas y de haber acabado detenido por ello. No sólo no me avergüenzo sino que lo volvería a repetir. Voy al Congreso, entre otras cosas, para intentar evitar que nadie más en este país tenga que pasar por ello». También asegura que «a la Ley Mordaza no le va a dejar ni una coma». De momento, de él ya se han escrito ríos de tinta.
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