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Que el Zaragoza había venido a palmar con dignidad se vio casi desde el principio, en cuanto los visitantes se dispusieron en formación defensiva, o ... más bien ultradefensiva. Vamos, que lo de la defensa de cinco ya daba alguna que otra pista, pero es que si les hubieran dejado, lo mismo armaban delante de la portería una tortuga, como las legiones romanas.
O sea, que el Racing infunde pavor, sobre todo en los Campos de Sport, y no es para menos. A poco que funcione la mecánica, no hay rival que resista los embates de una maquinaria implacable de presionar, robar y lanzarse al ataque.
Otra cosa, claro, es que a los verdiblancos se les atraganten los equipos que le ceden la iniciativa y juegan casi al completo por detrás del balón. Lo de atacar defensas cerradísimas es una especialidad futbolística que poco tiene que ver con el rocanrol. De hecho, hay ocasiones en que casi parece fútbol sala. Un juego que, más que bonito, es para virtuosos.
Por suerte, de esos la plantilla verdiblanca está sobrada, pero no pueden ser el único argumento, y esta vez José Alberto acertó en la siempre difícil búsqueda del equilibrio entre músculo y talento. Inspiración y transpiración, que ambas son imprescindibles.
Así, a poco que te sonría la fortuna todo es mucho más fácil. Porque claro, de no ser por la expulsión, o la anulación del gol maño, igual podrían haber asomado los nervios por los Campos de Sport de El Sardinero. Sobre todo después del chasco de la última jornada en Anduva que, por cierto, parece no haber pasado la más mínima factura. Y es que lo verdaderamente importante es que el Racing vuelve a dormir en puestos de ascenso directo a Primera División.
Lo de Andrés es caso aparte. Ya sabíamos que era bueno, y que durante muchas jornadas sus jugadas han sostenido en resultados al equipo. Pero es que últimamente a la calidad está sumando un saber estar sobre el campo de auténtico crack.
La prueba fue el penalti, o más bien todo lo que vino después. Y es que un fallo desde los once metros descentra al más pintado. Sobre todo, si ha sido calcado a los que lanzaba Peque y al final le acabaron cogiendo el truco.
Andrés, sin embargo, en lugar de comerse la cabeza fue capaz de rehacerse y redoblar esfuerzos, hasta acabar redimiéndose. Y no solo por marcar el segundo gol, es que fue un quebradero de cabeza para los defensas visitantes. Bueno, como para todas las defensas contra las que se enfrenta. Igual lo suyo es algo más que estar en un buen momento, ¿no?
La anécdota del partido la puso el colegiado, pidiendo cabeza a Dani Tasende. En los últimos instantes del partido, lo que los americanos llaman los 'minutos de la basura', el gallego perdió los nervios y propinó un empujón descarado a Andrés Martín, que estaba contemporizando con el balón en juego. El delantero voló por los aires, y luego volvió encendido para encararse con el rival. El trencilla pitó falta, pero en lugar de llevarse la mano al bolsillo se acercó a Tasende y le echó una regañina. Vamos, ni que esto fuera la Liga inglesa…
Por descontado que sería fabuloso que los árbitros tuvieran siempre esa actitud, en lugar de la típica chulería con la que suelen manejarse habitualmente. Y más esta temporada, en la que se han sacado de la manga esa nueva norma que impide que los jugadores, salvo el capitán, le dirijan siquiera la palabra. Y sí, está bien reclamar respeto, pero tampoco es eso. Sobre todo, ahora que casi cada jugada se revisa y muchas se rearbitran.
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