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«Cada vez que lo pienso, me viene un sentimiento de nostalgia, de 'morriña' que no puedo con él». Tino Sampedro resume así la pena que le ha supuesto tener que colgar el cartel de 'cerrado' en la puerta del bar Casa Sampedro, en el pueblo torrelaveguense de Torres, un negocio que ha estado ligado a su familia desde el año 1945, pero cuya historia en el ramo de la hostelería se remonta a 1860.
La actual arrendataria del establecimiento Claudia Ortiz, no ha podido afrontar las actuales limitaciones impuestas por las autoridades sanitarias y se ha visto en la obligación de solicitar la rescisión del contrato con la propiedad. El covid ha minado la moral de Ortiz quien, como explica Sampedro «no ha aguantado más. Había días que hacía una caja de 50 euros porque apenas tiene espacio en el exterior para atender». Pese a la ayuda y facilidades que él mismo la ha dado para afrontar los gastos de alquiler, «tristemente lo ha tenido que dejar» y con ello se ha aplazado también el deseo de la madre de Tino, ya fallecida, como su padre, de que la familia no dejase el local, ni la bolera que está en el patio, escenario de competiciones míticas en la historia de este deporte vernáculo.
En 1999-2000 se produjo el gran cambio en el establecimiento, tras la jubilación del matrimonio. «Mi gran amigo Paco Entrena realizó una reforma integral del bar y ese primer año de esa nueva etapa lo llevé yo. Pero me fue completamente imposible compaginar el negocio con mi profesión (aparejador municipal)». Tras una experiencia nada grata con algunos arrendadores, llegó Claudia Ortiz, «que lo ha gestionado magníficamente durante estos años, hasta ahora que la pobre mujer no ha podido más. Primero fue el confinamiento y luego, cuando pudo volver a abrir, el verano trabajó bastante bien, pero los últimos meses del 2020 han sido muy malos. Yo he intentado ayudarla en todo, varios meses sin cobrarle el alquiler, sobre todo al principio del confinamiento y después rebajándoselo. Ha sido completamente imposible».
De momento, «no lo puedo volver a alquilar, porque la situación no lo permite y eso que ya he recibido más de una propuesta. Tengo un sentimiento de impotencia tremendo porque los regidores no saben lo que es trabajar en este sector, lo sacrificado que es. El trato con el cliente y demás». Sampedro, que desde hace unos años es patrón mayor de la Cofradía de la Anchoa de Cantabria, no quiere «tirar la toalla» y sueña ya con el día en que pueda reabrir Casa Sampedro y escuchar el ruido de los bolos, las voces de la clientela... el ininterrumpido paso del tiempo.
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