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Conocí a Ruth al incorporarme al Gobierno de Ignacio Diego como consejera de Ganadería. Era el año 2011. No recuerdo exactamente quién nos presentó, pero ... sí que fue un momento muy especial. Era lógico. Acababa de aterrizar en el mundo de la política, y además Ruth era un referente; una de esas personas que conoces a través de los medios de comunicación y que supones inalcanzable. Apenas unos minutos bastaron para darme cuenta de que me encontraba ante una persona excepcional. Cercana, divertida, ecuánime, humilde, optimista, entusiasta, comprometida, cómplice, agradable… Buena gente, o dicho de otra manera, me marché de allí con la sensación de que había estado con una de esas personas proactivas y sanas que te hacen la vida más fácil.
El paso del tiempo no sólo ha afianzado aquella primera sensación, sino que la ha reforzado con otras muchas virtudes (lealtad, coherencia, responsabilidad, credibilidad, sinceridad, honestidad…) hasta el punto de que confío plenamente en Ruth para pilotar un proyecto ilusionante que aporte soluciones a una tierra que las necesita. Como leí ayer creo que es la sangre nueva que Cantabria necesita para no seguir siendo presa de las inercias. Pienso que Ruth encarna como nadie esa nueva política que los ciudadanos reivindican cada día para sus representantes públicos, políticos con pasados de excelencia que empleen sus capacidades para mejorar la vida de los demás, que sumen y que conciban su proyección como un servicio al interés general. Basta la prueba del algodón: Ruth no necesita a la política; los cántabros, por contra, necesitamos gente como Ruth.
Acabo con una confesión. Porque lo dice todo. Con 33 años, una marca deportiva prescindió de Ruth por 'vieja', según ella misma me confesó. Años después, llegarían sus principales logros deportivos, incluido el oro olímpico. Lejos de venirse abajo, aquello supuso un estímulo para reafirmar sus señas de identidad: amor propio, resistencia, tenacidad, orgullo, esfuerzo… La garantía de los hechos frente al vacío de las palabras. Ese es el ADN del PP.
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